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domingo, 10 de marzo de 2013

Soy alcohólico rehabilitado

     Antes de reconocerme como enfermo alcohólico y aceptar la enfermedad. yo era de las personas que sabía que bebía mucho, en exceso, que era un gran consumidor de alcohol, pero que no tenía ningún problema con el alcohol puesto que no me afectaba ni en mis trabajos ni en mi familia, ya que aguantaba mucho pues que no llegaba a embriagarme casi nunca, tan solo en algunas ocasiones llegaba un poco más bebido que de costumbre y cuando llegaba a casa, daba las buenas noches y me metía directamente en la cama, sin molestar a nadie.


     Pero detrás de esta farsa, hoy reconozco que cada día nada más levantarme necesitaba beber y así lo hacía durante todo el día, sin apenas comer pues con el alcohol me bastaba, hasta llegar a casa por la noche y dirigirme a la cama y esperar que llegase el día siguiente donde se volvería a repetir el mismo patrón de conducta. Así un día tras otro, durante años. (Esa era mi normalidad). El desentenderme de los asuntos del hogar y de mis hijos, de los problemas normales de cada día.

     Para mi, como para cualquier otro enfermo alcohólico que todavía no tenga reconocida su enfermedad, los verdaderamente alcohólicos son aquellos otros, que a diferencia nuestra, que tenemos nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras amistades, ellos, los que se encuentran solos, consumiendo alcohol barato en cualquier rincón, mal vestidos y sucios, mal mirados por todos, son los alcohólicos. Como si estas personas no hubieran estado en la misma situación que en la que estamos nosotros, pero que han seguido consumiendo hasta llegar al lugar donde se encuentran y donde sin duda llegaríamos nosotros si no paramos de consumir. Pero aún así, para ellos, si no han sabido reconocerse enfermos alcohólicos, verán a los que estén peor que ellos, como los verdaderos alcohólicos. Y la verdad es que tan alcohólicos somos unos como otros, pues lo que nos define como tales es la incapacidad de parar de consumir.


lunes, 3 de diciembre de 2012

Que hacer y que no ante un familiar alcohólico. I


    

     Al tratar con un familiar enfermo alcohólico, debemos seguir unas pautas para intentar que acepte su condición, pues si dejar de beber para él es una tarea muy ardua, sin el reconocimientos de su enfermedad es casi imposible.


     Primeramente hemos de ser nosotros mismos quienes reconozcamos que se trata de un enfermo y no de un vicioso. Y que se trata de un enfermo que se encuentra en esa situación no porque quiera, si no porque precisamente es su enfermedad la que le impide dejar de beber.

     Debemos ser perseverantes y no dejarnos desanimar por como se encuentra. No debemos perder la esperanza en su recuperación, ni tampoco culparse por no saber cómo actuar mejor.
De nada de van a servir las amenazas (máxime si no piensa cumplirlas), pues le fortalecerán  en su consumo sabiendo que no las va a cumplir.

     No recurra al sentimentalismo del tipo “si te importáramos dejarías de beber” para que abandone el consumo, pues muy a su pesar no deja de beber porque no puede, no porque no les quiera.

     El discutir de nada servirá porque si está ebrio no se enterará y pretenderá llevar él siempre la razón, y si se encuentra sobrio podría servirle de excusa para beber con más intensidad para intentar evadirse. Los familiares han de mostrarse serenos  y con la intención de poder ayudarle.

     Es absolutamente erróneo el intentar proteger al enfermo ante la bebida (retirar toda bebida alcohólica de casa, comunicar en los lugares que frecuenta para beber que no le administren alcohol, perseguirle, etc.) ya que de este modo su estado de ánimo se vería negativamente afectado y de seguro compraría la bebida en cualquier otro lugar donde le sea vendido. Tampoco es conveniente ni el atosigamiento ni la persecución (seguirle con la intención de verle entrar en un bar, intentar olerle el aliento, etc.
         
     No inicie usted la conversación sobre el tipo de consumo de alcohol que tiene. Si el familiar lo desea que lo inicie él, alentando aquellos avances positivos que veamos que ha logrado y sugiriendo aquellos otros en los que no estemos de acuerdo.

     Es un grave error el acompañarle a beber, pensando quizás que de este modo beberá menos, algo que no sucederá e incluso si empezaba a tener en mente el empezar a dejar de beber, conseguirá que ni se lo plantee.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Politoxicomanía.


     Si hasta hace unos años la norma con respecto a las adicciones era la del sujeto cuyo  principal consumo adictivo eran el alcohol, asociado con el tabaco, hoy en día es muy difícil encontrar enfermos que solo sean alcohólicos, debido al cambio la forma de consumo, pues ahora lo habitual es encontrarnos con personas que consumen varias sustancias a la vez, ya sea de forma combinada o sustitutiva.

     La tendencia actual, no es otra que la de servirse de una droga como preferida (mayoritariamente alcohol) y reservar el resto en función de su disponibilidad y precio. De esta manera se hace del alcohol la vía de acceso a las otras drogas, simultaneándose unas sustancias con otras.

     La interacción del alcohol con otras drogas, principalmente con hachís, marihuana y sobre todo cocaína, producen una potenciación de los efectos nocivos de las sustancias.


Entre los 14 y los 16 años.
Inicio en el consumo. Generalmente alcohol y/o cannabis

Entre los 17 y los 20 años.
Aumento en el consumo de alcohol. Consumo de estimulantes (Éxtasis) y cannabis.


Entre los 20 y los 25 años.
Sigue el aumento en el consumo de alcohol. Se incorpora el consumo de cocaína.
  
A partir de los 25 años.
Consumo y adicción al alcohol y cocaína. Consumo ocasional de cannabis y tranquilizantes.

A partir de los 30-40 años.
   Enfermo politoxicómano con dependencia al alcohol, cocaína y otras sustancias.



Patología Dual.



     En algunas ocasiones, durante las terapias, ha salido esta expresión y en no pocas ocasiones la gente desconoce lo que viene a significar.

     Hablamos de patología dual en aquellos casos es los que se asocian al menos una enfermedad mental a por lo menos una adicción (ejemplo: Depresión junto al consumo de alcohol y cocaína).

     Este nexo se da un una proporción bastante alta de consumidores de sustancias adictivas, principalmente la cocaína y el alcohol (62,7 % y 61,2 % respectivamente), siendo los trastornos mentales más frecuentes los de personalidad, el riesgo de suicidio y maniaco-depresivos.


     El patrón estándar sería el de un hombre de unos 37 años, soltero y con estudios primarios que conviven con sus padres y laboralmente activos.

     No se puede plantear el dilema si se llega a ser adicto a una sustancia por padecer algún trastorno psiquiátrico o viceversa, puesto que las drogas causan problemas mentales y también los problemas mentales llevan a las adicciones. Podríamos decir que son dos enfermedades en una sola, que haría necesaria la intervención conjunta de especialistas en salud mental y en drogodependencias.

     Según calcula la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el año 2.020, el 75 % de los enfermos mentales crónicos, padecerán además de algún problema de adicción

martes, 16 de octubre de 2012

Factores de riesgo en la mujer alcohólica.

     El factor de riesgo más importante en la mujer es la existencia de un trastorno depresivo o ansioso que va muy unido a la forma del beber femenino. Las mujeres presentan mayores tasas de trastornos de ansiedad y afectivos que los hombres y lo habitual (66 %) es que el trastorno depresivo anteceda a alcoholismo. La coexistencia de trastorno depresivos y dependencia del alcohol conlleva un peor curso clínico puesto que al consumo de alcohol se añade con frecuencia el de psicofármacos, con el resultado de intoxicaciones más severas, con riesgo de tentativas suicidas, accidentes, traumatismo y alteraciones de la conducta.

      Otro de los factores que inciden el el alcoholismo son las rupturas sentimentales de pareja o de relaciones difíciles con estas, principalmente de incomunicación, que le provocan sensaciones de soledad y vacío e inseguridad.

     Es conveniente no olvidad que muchas veces la enfermedad le es trasmitida por su pareja alcohólica, pues como hemos visto en otras entradas, el alcoholismo es una enfermedad que se trasmite por contagio social.


     A pesar de los cambios culturales existe mayor reprobación social y de rechazo hacia la mujer alcohólica, para ella el reconocimiento del consumo tiene un mayor coste social pues se le cuestiona el cumplimiento de sus atribuciones como pareja y madre. Y aunque la mujer puede aceptar más fácilmente que necesita ayuda, el estigma social dificulta su asistencia a centros de rehabilitación. 

domingo, 30 de septiembre de 2012

Fases del alcoholismo. Y IV



     En un afán de sentirse mejor, busca la compañía de personas que aún están peor que él en la enfermedad y comienza a  (35) beber con personas socialmente inferiores, drogadictos, delincuentes, indeseables... contrayendo hábitos aún peores.

     Entre sus nuevos acompañantes y la escasez de recursos inicia una nueva forma de (36) consumo de productos industriales, no aptos para beber, de gran toxicidad (a veces mortal), de menor costo y que mezclan con otras bebidas para rebajarles la potencia alcohólica. Llegado a este punto de casi no retorno, las cartas ya están echadas y jugadas, la vida se le escapa. Se aislan en pequeños guetos, despreciados por la sociedad que los insultan, la familia que reniega de ellos, sucios y desastrados, enfermos de cuerpo y alma. En fin hundidos en el fondo del pozo del alcoholismo del que tan solo un milagro les puede sacar.

     El organismo ya no le permite asimilar toda la bebida que consume y se produce una (37) disminución de la tolerancia al alcohol, por lo que ahora con muy pequeñas dosis que ingiera le lleva a la embriaguez.

     Gravemente enfermo de cuerpo y alma sufre (38) temblores indefinibles, aparecen fobias y delirios de persecución social. Desconoce el tiempo que vive, confundiendo pasado y presente y sufriendo el futuro cercano pues piensa que cada nuevo día será el último. Se maldice y odia a la sociedad. Vive días de terror y miedos acentuados por su sentimientos de culpa y remordimiento.

     Ni el alcohol que antes le servia para calmar los síntomas del síndrome de abstinencia, les sirve ahora para evitar (39) temblores persistentes pues sus nervios han perdido su capacidad de estar en reposo y más que mejorar, empeora con la ingesta de nuevas dosis etílicas.

     Se produce una (40) inhibición psico-motora donde el alcohólico no puede hacer los movimientos más elementales, pues ha perdido toda la coordinación y el control de sus nervios y músculos.

     (41) La ingestión de alcohol toma un carácter obsesivo y el enfermo no puede parar de beber y hará cualquier cosa por conseguir su dosis.

     Un gran porcentaje intenta arroparse en (42) vagos sentimientos religiosos con el propósito de encontrar un remanso de paz, pero son muy pocos los que lo logran. Otros lo intentarán en otros tipos de grupos no muy adecuados para ellos.

     El mundo se le viene abajo, (43) todo el sistema racionalista se rompe y se ve en un callejón sin salida, ni una mísera luz por la que intentar salir.

     Si logra una (44) hospitalización definitiva, allí pasará sus últimos días, solo y abandonado.

     En la última fase del enfermo alcohólico le espera la (45) perdida de la vida, si con suerte en un hospital o en un manicomio, aunque la mayoría de las veces muere en la calle por un accidente o muerte violenta, otros en la cárcel por delitos cometidos como consecuencia de su alcoholismo.

Consideraciones: Aquellas personas que piensen que tienen problemas con el alcohol o pudieran tenerlos en un futuro, o un familiar, o un amigo o simplemente un compañero por el que sintamos un gran aprecio, se les recomienda que visiten a las asociaciones que se encargan de velar por los enfermos alcohólicos y prevenir esta enfermedad, pues son atendidas por enfermos alcohólicos y familiares de enfermos alcohólicos por lo que saben y entienden de lo que se les habla desde la óptica de la adicción alcohólica. Cerca de un enfermo alcohólico existe una asociación que le ayudarán con esta enfermedad.


sábado, 29 de septiembre de 2012

Fases del alcoholismo. II



     Durante la  fase crucial o crítica se desarrolla la enfermedad y se inicia con la necesidad de beber y caso de no tomar las medidas para la abstinencia, al final nos llevará a la cárcel, al manicomio o al cementerio.

     A diferencia del bebedor social, el bebedor alcohólico el deseo irresistible una vez que prueba la bebida le hace imposible el detenerse hasta que por la (8) perdida de control que ejercía sobre el alcohol llega a la embriaguez.

     Comienza un proceso por el que intentará (9) racionalizar el comportamiento como bebedor, justificando todas y cada una de sus nuevas borracheras, para lo que no dudará en acudir a la mentira.

     Los problemas que le acarrea ya su conducta adictiva hace que su entorno más cercano (familia, trabajo, amigos...) le lleva a fuertes (10) presiones sociales que con excusas intentará limar.

     Cuando las excusas ya no les vale porque no le creen y empieza a perder todo aquello que tenía, comienzan a darse más importancia y a crearse (11) ilusiones de grandeza, donde es más que nadie.

     Comienza a culpar de todo lo que le ocurre a los demás, desarrollando una (12) conducta hostil hacia todos aquellos a los que cree responsables de sus males.

     Descubre que todo en él ha cambiado y crece en el  un (13) remordimiento persistente, haciéndole reflexionar sobre esa sensación de culpa.

     Ese malestar interior, unido a las presiones sociales, le lleva a tomar la decisión de dejar la bebida y lo hace por (14) periodos de abstinencia total que durarán más o menos, pero de nuevo volverá a beber.

     Comprende que le es imposible dejar de beber e intenta beber de otra manera (15) modificando sus hábitos de beber, no reconociendo que no es dueño de su voluntad.

     Comprueba que sufre el (16) abandono de sus amistades pero que no puede prescindir del alcohol, pues trata de controlarlo pero le es imposible.

     Los acontecimientos les superan una y otra vez y al igual que pierde sus amistades la (17) pérdida de empleo no se hace esperar y esa desesperación lo incita más a beber.

     La vida ya no la entiende sin el alcohol, es lo más importante de su vida, más que el trabajo, los amigos, la familia y uno mismo. Es la (18) subordinación completa al alcohol, es su esclavo.

     A medida que la enfermedad alcohólica aumenta, la atención al alcohol es mayor, ya nada le interesa fuera del consumo, se ha creado una (19) apatía hacia otros intereses externos, más allá del alcohol.

     Se comienza a separar de aquellas personas que no beben, (20) reinterpretando sus relaciones interpersonales, rodeándose de personas que como él han hecho del alcohol su forma de vida.

     Llega a verse como una persona desgraciada, humillado en su trabajo, por sus amigos y familia, con una salud quebrada, es una fase de (21) marcada conmiseración de sí mismo, que le incita a seguir consumiendo.

     Tan acosado se siente dentro de su entorno que supone que cambiando de ambiente su vida dará un vuelco y podrá poner fín a sus problemas con el alcohol por lo que planeará (22) fugas geográfica, ya sean reales o ficticias. Pero el problema no desaparecerá.

     En la familia del enfermo alcohólico se produce un (23) cambio en las costumbres familiares, pues la conducta del enfermo les afecta en su relación con el entorno, al verse marcados como la familia del "borracho", también en su relación directa con el enfermo (falta de trabajo, gritos en el hogar, mala higuiene, problemas económicos, etc).

     La conmiseración que sufre llega a convertirse en (24) resentimientos irrazonables, puesto que ahora el odio se apodera de él y culpa de todos sus males a los demás y brotan sus peores sentimientos.

     Y llegados a este punto, lo que más le interesa es  (25) asegurar su abastecimiento de alcohol. por lo que hará todo lo posible porque no le falte, escondiéndolo en diferentes lugares, allá donde crea que esta seguro y le pueda hacer falta.

     Como ya he comentado, la bebida es lo más importante para el enfermo alcohólico, más también que la propia comida, pues toda su energía se verá consumida por el alcohol, por lo que se llega a una etapa en la que se (26) descuida la alimentación, lo que provoca carencias alimentarias y por ende serias enfermedades. 

     Es tal la dejadez en la que ha caído el enfermo, que pronto llegará la (27) primera hospitalización en la que se requiera servicios médicos y que no será la primera ni la única, pues seguirán tropezando en la misma piedra y las recaídas seguirán sucediéndose.

     Uno de los primeros síntomas del descuido al que se tiene sometido al organismo, es el descenso de la líbido, o  (28) disminución del impulso sexual y de fertilidad.

     Bien sea por la disminución de la líbido, la impotencia sexual o el tenso ambiente en el hogar, el enfermo llega a desarrollar unos (29) celos alcohólicos.

     La necesidad de la (30) bebida regular matutina motivada por el síndrome de abstinencia (temblores, ansiedad, debilidad, nauseas, etc.) obliga al enfermo alcohólico a comenzar el día, apenas levantarse, a ingerir alcohol para mitigar los síntomas del síndrome, incluso se despertará obligado a consumir.




Diferentes tipos de alcohólicos.

     Aún siendo el alcoholismo una enfermedad única, en la que su característica principal es la adicción al alcohol (pérdida de control e incapacidad de abstenerse), podemos especificar varios tipos de enfermos alcohólicos.


     Las diferencias entre alcohólicos son tantas que resultaría muy difícil el poder aglutinar todas y cada una de las formas de beber de un enfermo, al igual que los factores que concurren en la adicción (hay alcohólicos de todas las edades, razas, religiones, sexos, condición, social, económica, cultural...).


     De todas formas, hay algunas tipologías de alcoholismo bastante aceptadas, como la de Jellinek (1960), atendiendo a criterios de perdida de control e incapacidad de abstenerse. Según esta, cabría diferenciar entre los siguientes tipos:

     -   Alfa: Dependencia  puramente  sicológica,  sin signos del proceso progresivo  del  alcohol.  Aún   no  presenta   pérdida  de control ni de capacidad de abstención.
   -  Beta:  Presenta  complicaciones  de  salud   (cirrosis  hepática,  gastritis,  polineuritis...),  sin dependencia física  o  psicológica y sin sintomas de abstinencia.
   -  Gamma:  Existencia  de  dependencia  alcohólica, primeramente  psicológica y más adelante también física, y por lo tanto con pérdida de control sobre el alcohol. Deriva  a  una  progresión con complicaciones física, psiquicas, sociales y económicas.
   -  Delta: Con los mismos factores que la anterior, a los que hay que sumar una incapacidad de abstenerse. Grandes  consumos  de alcohol, con gran dependencia física. Grandes secuelas físicas, psiquicas, socio-económicas, etc.
    -  Epsilón: Se caracteriza por ser las ingestas episódicas,  donde  el consumidor puede estar tiempo sin tomar contacto con el alcohol.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Cruzar el límite: De bebedor social a bebedor alcohólico

     La delgada línea que separa a un tipo de bebedor en otro, no es perceptible para aquellos que hayan traspasado el límite que lo separa del beber controlado al incontrolado.


     No a todo bebedor le afecta la adicción, aunque todo adicto  lo es por iniciarse en el consumo moderado o casual de bebidas alcohólicas. ¿Entonces por qué a unos bebedores le lleva el consumo a ser alcohólicos y a otros no?

     El proceso de convertirse en alcohólico se inicia al tomar contacto con las bebidas alcohólicas y a todos los bebedores les puede llevar a la adicción (es cuestión de suerte o mala suerte). Lo que sabemos es que entre el 15-20 % de aquellos que se han iniciado en el consumo, llegarán a ser alcohólicos. Y de nuevo recordemos que la diferencia entre un tipo de bebedor social  y otro alcohólico, estriba en que mientras el primero es totalmente libre y decide cuando comenzar y cuando acabar, el segundo es incapaz de controlar el consumo y una vez que comienza es incapaz de detenerse (y no por falta de voluntad, más bien por falta de libertad para poder detenerse -es un querer y no poder-).

     Hoy se entiende el alcoholismo como una enfermedad multicasual, es decir, en la que intervienen varios factores interelacionados (famila, herencia, trabajo, sociedad, contagio, etc), aunque son los factores ambientales los más importantes.

   

martes, 31 de enero de 2012

¿Cómo sabemos que se es alcohólico?

     Podría parecer que toda persona que consume bebidas alcohólicas en gran cantidad y con mucha frecuencia es un enfermo alcohólico, pero esto no siempre es suficiente para poder diagnosticar una dependencia al alcohol, es decir, no basta para aseverar si una persona está o no enferma.

     Es muy importante también contar con la opinión de la familia o de los amigos, contrastar lo que nos dice la persona con la gente de su entorno. Eso nos servirá para poder definir mejor lo que está pasando y enfocar mejor la solución del problema.

     Además de los cuestionarios AUDIT y CAGE, tipo test, se puede complementar el diagnóstico con la realización de algunos análisis de sangre que nos indicarán además la gravedad del proceso o la repercusión del consumo sobre el organismo.

Analítica:
     No es que exista ninguna prueba específica que nos indique que una persona sea alcohólica, pero en los alcohólicos aparecen alteraciones en las pruebas hepáticas o anomalías en la sangre, por ejemplo en el número y tamaño de los glóbulos rojos (hematies). Con estos y otros resultados que valorará el médico, se puede tener una idea muy clara de lo que le está ocurriendo a esa persona.

     La detección de etanol en sangre, no indica que una persona sea alcohólica, sólo nos servirá para saber si alguien ha consumido bebidas alcohólicas y en qué cantidad lo ha hecho.

Criterios diagnósticos:
     Como determinante para diagnosticar si una persona tiene una dependencia al alcohol se utilizan los criterios diagnósticos que aparecen en el Manual Diagnóstico y Estadístico de la Sociedad Americana de Psiquiatría (DSM-IV) o en la Europea Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10).

     Ambas instituciones han elaborado y conceptualizado una serie de criterios que definen y determinan que es el alcoholismo y quien es alcohólico.


     Todo ello en base al concepto de dependencia al alcohol e incluyendo aspectos como el Síndrome de Abstinencia al Alcohol (SAA), la tolerancia, el tiempo de consumo o el deterioro bio-psico-social del consumidor.

Criterios Diagnósticos DSM-IV-R
     Patrón desadaptativo de consumo de la sustancia que conlleva un deterioro o malestar clínicamente significativos, expresado por tres (o más) de los ítems siguientes en algún momento de un periodo continuado de 12 meses:

     *   Tolerancia.
     *   Abstinencia.
     *   La sustancia es tomada con frecuencia en cantidades mayores o
          durante un periodo más largo de lo que inicialmente se pretendía.
     *   Deseo persistente o esfuerzos infructuosos de controlar o
          interrumpir el consumo de la sustancia.
     *   Se emplea mucho tiempo en actividades relacionadas con la 
          obtención de la sustancia.
     *   Reducción de importantes actividades sociales, laborales o
          recreativas debido al consumo de la sustancia.
     *   Se continúa tomando la sustancia a pesar de tener conciencia de
          problemas psicológicos o físicos recidivantes.

Tolerancia:
     El fenómeno de la Tolerancia aparece en los bebedores al cabo de un tiempo y se define como la necesidad de tomar cantidades más elevadas de alcohol para alcanzar el efecto deseado, o al contrario, consumiendo la misma cantidad, el efecto es menor, por lo que se tiende a incrementar el consumo.

     Por este motivo, cuando alguna persona nos dice que no tiene problemas con la bebida porque aguanta mucho, debemos pensar justo lo contrario, ya que habrá tenido que beber cantidades importantes y durante bastante tiempo para "poder aguantar".

     Luego la tolerancia siempre será un signo de dependencia cuando aparece tras un consumo prolongado en el tiempo.
   
     Con el paso del tiempo y si la persona no deja de beber, la tolerancia se invierte. Es el "ya no aguanta nada". Esto suele suceder cuando el bebedor tiene una efectación orgánica, fundamentalmente del hígado, y el alcohol que consume le cuesta de eliminar y por lo tanto el efecto es más aparente con pocas cantidades, entrando casi en una embriaguez continua.

          No es más valiente, ni más "macho" el que más aguanta,
                 simplemente está más cerca de la dependencia.

Dependencia:
     Ya sabemos que dependencia al alcohol es sinónimo del alcoholismo y que esto es igual a necesidad de beber.

     Pues bien, una persona con consumos elevados, test positivos, criterios diagnósticos cumplidos y aparición de tolerancia, es un alcohólico y va a precisar un tratamiento para poder dejar de beber, ya que está enfermo. Padece alcoholismo.