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martes, 21 de enero de 2014

Nalmefeno - "Selincro".



     Este nuevo fármaco, destinado a reducir la ingesta de alcohol en aquellas personas dependientes, es recomendado como una ayuda más de todas las que se desarrollan desde un enfoque psicosocial, donde las terapias de grupo e individuales, junto con la aceptación del propio enfermo de su problema, forman los elementos esenciales para que el proceso de abandono del consumo sea un éxito.

     En los ensayos clínicos que se realizaron con 2.000 enfermos, se evidenció un descenso en el consumo de alcohol en un 60 % después de seis meses de tratamiento y en un 40 % al finalizar el primer mes.

     Según los datos aportados por la Farmacéutica, este medicamento actúa sobre el área de recompensa del cerebro (por ello se reduce el deseo de beber alcohol), que en el caso de enfermos que sufren de dependencia alcohólica, está mal regulado.



     La idea es que este medicamento, al mismo tiempo que facilita la abstinencia, disminuya también el riesgo de tener recaídas.

domingo, 10 de marzo de 2013

Funcionamiento de una terapia.


     Nuestras terapias de autoayuda y ayuda mutua están formadas por enfermos alcohólicos y en los casos de los más jóvenes también vienen con adicciones a otras sustancias (politoxicómanos), por lo que cuando hablamos sobre las adicciones TODOS sabemos de lo que estamos tratando.


     El grupo está compuesto tanto por hombres como mujeres, de todas las edades y oficios. En un número variable nos juntamos tres días a la semana L - X - V desde las 18:30 hasta las 20:30 h., dos horas en las que se rompe el miedo al silencio y a la vergüenza, donde un moderador posibilita que la persona que desee hablar o exponer una vivencia, pueda hacerlo mientras el resto de los compañeros escuchan atentamente y si consideran que tienen algo que exponer lo hace levantando la mano para que le sea concedida la palabra. De esta manera se experimenta un nexo de unión entre el grupo en el que todos somos participes del éxito de cada uno, en donde se vislumbra el final del túnel y donde se experimenta que es posible salir de las adicciones, puesto que junto a ti hay una persona que lleva años en abstinencia.



     Las reglas básica para nuestras sesiones son el respeto y el compromiso en dejar la adicción.



     En múltiples ocasiones decimos que las terapias son como volver a la escuela, pues es donde aprendemos a vivir sin alcohol, compartiendo experiencias y sobre todo, mostrando las herramientas de las que se han servido aquellos que llevan más tiempo de abstinencia y que también les puede servir de ayuda para los que se han incorporado hace menos tiempo al club de los abstinentes. Importantísimo resulta el verse que uno no está solo en la lucha por la abstinencia, sino que cuenta con el apoyo de una asociación cuyos integrantes le comprenden perfectamente y comprenden las secuelas que sufre (familia, trabajo, salud...).



     ¿Quién acude a nuestras terapias?. Siempre las personas que acuden lo hacen por un motivo grave de salud, de familia, de trabajo, de justicia, etc. y en casi todas se da la unión de varios de estos motivos. Muchos vienen derivados de centros de salud, después de haber pasado por episodios realmente graves.


     Cada dos semanas contamos con la presencia de una psicóloga que compartimos enfermos y familiares y un becario estudiante de último año de psicología, mediante las aportaciones que entre aquellos enfermos y familiares que puedan, vamos haciendo a la caja común y que nos permite contar con estos profesionales, al menos 8-9 meses al año (dependiendo de las aportaciones).





Soy alcohólico rehabilitado

     Antes de reconocerme como enfermo alcohólico y aceptar la enfermedad. yo era de las personas que sabía que bebía mucho, en exceso, que era un gran consumidor de alcohol, pero que no tenía ningún problema con el alcohol puesto que no me afectaba ni en mis trabajos ni en mi familia, ya que aguantaba mucho pues que no llegaba a embriagarme casi nunca, tan solo en algunas ocasiones llegaba un poco más bebido que de costumbre y cuando llegaba a casa, daba las buenas noches y me metía directamente en la cama, sin molestar a nadie.


     Pero detrás de esta farsa, hoy reconozco que cada día nada más levantarme necesitaba beber y así lo hacía durante todo el día, sin apenas comer pues con el alcohol me bastaba, hasta llegar a casa por la noche y dirigirme a la cama y esperar que llegase el día siguiente donde se volvería a repetir el mismo patrón de conducta. Así un día tras otro, durante años. (Esa era mi normalidad). El desentenderme de los asuntos del hogar y de mis hijos, de los problemas normales de cada día.

     Para mi, como para cualquier otro enfermo alcohólico que todavía no tenga reconocida su enfermedad, los verdaderamente alcohólicos son aquellos otros, que a diferencia nuestra, que tenemos nuestro trabajo, nuestra familia, nuestras amistades, ellos, los que se encuentran solos, consumiendo alcohol barato en cualquier rincón, mal vestidos y sucios, mal mirados por todos, son los alcohólicos. Como si estas personas no hubieran estado en la misma situación que en la que estamos nosotros, pero que han seguido consumiendo hasta llegar al lugar donde se encuentran y donde sin duda llegaríamos nosotros si no paramos de consumir. Pero aún así, para ellos, si no han sabido reconocerse enfermos alcohólicos, verán a los que estén peor que ellos, como los verdaderos alcohólicos. Y la verdad es que tan alcohólicos somos unos como otros, pues lo que nos define como tales es la incapacidad de parar de consumir.


sábado, 9 de marzo de 2013

La dificultad de reconocerse alcohólico.

     En la casi totalidad de ocasiones, las personas que acuden a la Asociación solicitando ayuda o información, no son capaces de poner nombre a la grave enfermedad que padecen, a pesar de los evidentes síntomas que presentan. Dirán, en el mejor de los casos, que beben mucho, que la familia le ha pedido que viniera a informarse, que ha pasado por su centro de salud y le han dado la dirección o el teléfono de nuestra Asociación, etc.


     Pues bien, esta grave enfermedad que padece se llama alcoholismo y consiste en una dependencia física y psíquica a una sustancia llamada alcohol.


     En la recepción que hacemos de las personas que nos visitan solicitando ayuda, nos presentamos como enfermos alcohólicos rehabilitados o enfermos alcohólicos en abstinencia, lo que seguramente por primera vez haga que la persona se enfrente a esta palabra "maldita" pronunciada por una persona que no se avergüenza de reconocer su enfermedad y ponerle nombre.

     Una vez trascurrido cierto tiempo en terapia, comienza a asimilar la enfermedad que padece, al encontrarse con personas que como él, tiene unos síntomas comunes y comunes con el resto de enfermos alcohólicos. Poco a poco asimila la palabra "alcohólico" con enfermedad, en lugar de hacerlo como la mayoría de aquellas personas que desconoce lo que es el alcoholismo, que lo relacionan con personas viciosas, degeneradas, sinvergüenzas, vagos, egoístas... y en el caso de la mujer alcohólica lo relacionan con cosas aún peores.

     Así, más pronto que tarde, descubrirá que es una persona enferma, adicta a una sustancia llamada alcohol, y que es posible recuperar la salud mediante la abstinencia, que la abstinencia le proporciona salud física y mental a él, a su familia y a su entorno. A partir de ese momento la tarea del enfermo alcohólico no será otra que la de mantener su abstinencia sobre todas las cosas puesto que sin ella volveremos a enfermar y haremos enfermar a los demás. Debemos aprender a vivir sin alcohol.

     Y como dice nuestro compañero y amigo Juan (el de más edad en nuestra Asociación), La abstinencia hay que mimarla.







jueves, 14 de febrero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. Y VIII

Una vida sin adicciones es posible.

  1. UNA VIDA SIN ALCOHOL. 
Ya llevo más de 3 años viviendo una vida sana, agradable y equilibrada sin tener que soportar el yugo del alcohol. Sobre todo supone una liberación  gratificante.

Mi trabajo diario lo abordo desde un punto de vista integral,  tomando cada realidad de la enfermedad, con esperanza, con visión de futuro, con la total reinserción en la vida y mi mundo. Tres años de abstinencia total, acudiendo a las terapias de AVAR, participando en ellas activamente.

Son muy pocas, poquísimas las personas que sospecharon o se dieron cuenta que yo tenía problemas con el alcohol porque mi obsesión por cuidar mi imagen y por brillar en mi trabajo fueron mayores a mi obsesión por beber, asunto que contribuyó a que me costara muchísimo trabajo descubrir y aceptar que era alcohólica puesto que yo sentía y transmitía que tenía mi vida bajo perfecto control.

Al cabo de los años, me convencí de que, por lo menos en mi caso, mi problema de alcoholismo surgió por mi errada actitud ante la vida pero, en la medida en que he ido entendiendo y controlando mis defectos de carácter, he logrado una existencia más armónica conmigo misma y con mi entorno, de tal manera que cada vez me resulta más fácil vivir tranquila y sin pensar en el alcohol. Viéndome cómo soy en realidad.

Parece ser que a los alcohólicos nunca se nos quitan las ganas de beber porque la enfermedad es un monstruo que siempre estará al acecho y poniéndonos trampas para seducirnos en cualquier momento de debilidad: “Creer que por dejar el trago no volverás a tener problemas es igual a creer que por ser vegetariana puedes pasearte frente a una vaca recién parida pensando que no te va a atacar”.

Por eso es que la asistencia a los grupos con AVAR es tan importante puesto que el grupo no solo nos ayuda a entender y manejar nuestra condición sino que también nos enseña a descubrir y a defendernos de las trampas que perennemente nos pone y nos pondrá la enfermedad (como por ejemplo, cómo afrontar las celebraciones navideñas o un acontecimiento social, o abordar las vacaciones estivales, que constituyen un riesgo para el alcohólico).

No puedo sino dar gracias a  AVAR, porque hoy en día viva en un paraíso porque lo cierto es que la vida es bella pero también es dura y el no beber no lo exime a uno de los problemas típicos de la existencia pero si le ayuda a encararlos desde una perspectiva más asertiva y obviamente la abstención lo libra a uno de agravar cualquier mala situación. PERO RECUPERAR LA DIGNIDAD ES UN EJE TRONCAL FUNDAMENTAL, Y DE NOSOTROS DEPENDE NUESTRA CORAZA Y FORTALEZA PARA PROTEGERNOS DEL ACOSO DEL ALCOHOL.

De todo corazón espero que mis palabras le sirvan a alguien y le agradezco a todo aquel que se haya tomado el trabajo de escucharme.
Sin adicciones + salud + vida



Por último, a todos y a todas los que me han ayudado por regalarme el pasaje para mi último tren, porque acepté el regalo, y tomé la decisión, mi gran decisión. Me subí al tren, arrancó rápidamente y cobró velocidad, y su retumbo me recuerda cada día que no puedo olvidar lo que soy. Es un tren de largo recorrido, con infinitas estaciones. Es el tren de mi vida, con lo bueno y con lo malo, es el tren de la libertad, pero también del miedo y de las dudas, pero es mi tren, el cual estoy empezando a conducir, y en este largo viaje, hoy por hoy y mañana por pasado y pasado por el otro…,  de este tren ya no me bajo. Porque hoy por hoy, he conseguido aprender a vivir sin el alcohol.




Magdalena M. R.
Socia de AVAR

domingo, 3 de febrero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. VII


  C)    Una de las claves para el éxito de un tratamiento para superar la adicción al alcohol es la motivación personal, SÍ QUIERO. Esto se potencia “si la persona posee una familia firme y tiene claro lo que pierde o perdería si no deja de tomar. En este caso, hay mayores posibilidades de salir”.

  D)     Aprendí a identificar qué me ocurría. Tapé la botella. Comencé el aprendizaje de una vida sin el alcohol, ALGO QUE APRENDÍ EN AVAR.

  E)     Me informé de lo que era el Alcoholismo: asistir a las reuniones de AVAR me han enseñado  tácticas, fórmulas y vías de escape para vivir sin el alcohol.

  F)    Otra evidencia de identificación del alcoholismo que propició mi abandono de la adicción fue el autoconocimiento: Trabajé en todas las áreas de mi vida.

Este es un momento muy crítico e importante para un alcohólico en su proceso de recuperación, pues entra a revisar y tratar de definir su autoestima o autocrítica, se puede decir que la esencia de la autoestima no nos llega cuando nos perfeccionamos o nos completamos, sino cuando reconocemos que somos incompletos y que necesitamos de otra persona para lograrlo. Así pues, necesitamos de los otros para ayudarnos y para poder ayudarlos. El encuentro con la autoestima y la dignidad como ser humano es crucial para un alcohólico en su proceso de recuperación, pues este paso, tiene como finalidad principal restablecer sus relaciones con los otros.

La Terapia Cognitivo-conductual considera que las personas nacemos con una herencia y un determinado temperamento, con los cuales comienza a interactuar con su entorno, aprendiendo pautas de comportamiento, tanto beneficiosas como perjudiciales para sí mismo y/ o para los demás. El término conducta se entiende en un sentido amplio, abarcando conductas visibles, así como pensamientos, sentimientos y emociones.

El enfoque cognitivo-conductual investiga cómo aprendemos, es decir los principios que explican el aprendizaje, tanto de comportamientos deseables como perjudiciales. El qué aprendemos, es algo que depende de la constitución genética y, fundamentalmente, de las experiencias de vida particulares e intransferibles de cada persona.




            G)     Cambié el enfoque emocional: Dejé de flagelarme por ser Alcohólica.



Testimonio de una mujer alcohólica. VI



  1. TRATAMIENTO DE LOS ALCOHÓLICOS - CÓMO ABANDONÉ EL CONSUMO DE ALCOHOL.
A)    El primer paso, antes incluso de reconocer la adicción, fue cómo repentinamente mi mundo de farsa se desmoronó: la situación dentro de mi matrimonio me hizo acudir a un CAF municipal, en el que tras unas terapias acudiendo sin mi pareja, el psicólogo me conminó a que las terapias fueran conjuntas.

Fue entonces cuando entre el psicólogo y mi marido me encontré acorralada, desvalida: “tienes problemas con el alcohol”. Pero tener problemas con el alcohol es la antesala del alcoholismo en su estado puro.

Comencé a vislumbrar que era el precipicio el que se aproximaba a mí y no yo al precipicio.
Ni el silencio de mi hijo, ni su mirada, lograban rescatarme de la complicidad entre el alcohol y yo.

En mi trabajo, me observaban de cerca el deterioro, el comportamiento, las frases inconexas, estaba bajo sospecha, obligándome a  acudir al especialista (no sabían cuál) que me aconsejara la baja médica, como finalmente ocurrió. Una baja médica que duró 8 meses, hasta mi total recuperación y abstinencia.

Hasta que mis padres, de los que yo ignoraba su sufrimiento, me agarraron de las muñecas y pusieron ante mí el espejo en el que descubrí una figura patética, demacrada y extremadamente delgada. Jamás fui consciente del sufrimiento de mis padres, testigos sin invitación del hundimiento de su única hija.

                Y el dique se desmoronó, se hizo pedazos, descubrí que quienes me rodeaban eran sabedores de mis pérdidas de control, de mis frases inconexas, de mis risotadas patéticas.

A partir de esa especie de tsunami, de explosión incontrolada de todas las mentiras, engaños y ocultismo, fui espectador de excepción de cómo toda mi vida se desplomaba como una montaña de naipes.

Para entonces,  ya me había convertido en paranoica.


B)     RECONOCER LA ADICCIÓN ALCOHÓLICA.
Mi mayor problema fue reconocer la adicción, NO SE TRATA DE ACEPTAR QUE SE “TIENEN PROBLEMAS CON EL ALCOHOL”.

Parece mentira que una cosa aparentemente tan obvia pueda constituir un problema importante pero así es frente al tratamiento del alcoholismo, yo no tenía capacidad para reconocer que era alcohólica. Como todos los enfermos, empleaba mecanismos disuasorios, de autoengaño y de negación: “Es verdad que bebo pero tampoco es para tanto…. Suelo beber lo mismo que los demás…. Bueno, es verdad pero yo dejo de beber cuando quiero, etc.”.

En una sociedad donde se venden dosis mortales de alcohol en los supermercados y donde el alcohol constituye un elemento omnipresente en muchísimos eventos sociales y de la vida cotidiana como en una simple reunión en un bar cualquiera a la hora del aperitivo, resulta muy difícil que una persona mida el alcance de su problema real y se ponga en tratamiento.

Como he manifestado antes, una psicóloga y un médico del CAD de Cruz Roja de Moratalaz, me forzaron y me presionaron hasta que bramé que era alcohólica y precisaba ayuda urgente e ingresé en el psiquiátrico del hospital Dr. R. Lafora.

             A partir del alta médica hospitalaria, comenzó la reconstrucción pisológica, un proceso más complejo y a largo plazo: sigo en tratamiento psicológico y psiquiátrico, aún con medicación, eso sí, ínfima comparada con las 18 pastillas (LACASITOS, que llamábamos en el psiquiátrico) en el desayuno.

domingo, 27 de enero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. V



C)     Me sentía muy deprimida, segura de que nadie me comprendía ni me quería, que nadie me agradecía y reconocía todo lo que yo estaba dando en la vida. Sentía un enorme y devastador vacío interior.

D)    Me molestaba y crispaba con exceso cuando alguien me hacía notar que estaba bebiendo demasiado y negaba lo que me bebía.

E)     Lloraba y me desesperaba al percatarme de esta situación.
Fui descendiendo los peldaños del infierno, engalanada con mis mejores joyas, siempre    perfecta.

F)     Se manifestaban signos externos de abstinencia al parar de beber (síndrome de abstinencia): temblores, alucinaciones, malestar general, incluso convulsiones, calambres musculares.

G)    Comenzaron a producirse los primeros daños físicos: en el hígado, cerebro, palmas de las manos enrojecidas, etc. En un momento álgido de mi enfermedad, el nivel de mis transaminasas oscilaban entre 800 y 1000. Mi hígado estaba dañado (esteatosis hepática) y este daño indoloro y oculto, silencioso, fue el que más me aterró, porque me quedé en la antesala de un trasplante hepático. SOLO ENTONCES FUI CONSCIENTE DE LA POSIBILIDAD DE CIRROSIS, LA MUERTE, cuando leí el informe médico sentí como una descarga eléctrica.

Físicamente me encontraba bien. Pero el deterioro físico y analítico suele darse en estadios avanzados del alcoholismo. Su traducción en cifras anómalas de transaminasas (enzimas hepáticas) ocurre cuando existe verdadero sufrimiento hepático. En muchas ocasiones el cuerpo sigue respondiendo de manera más o menos regular pero ello no significa que la adicción a nivel psicológico haya avanzado de manera importante.

El terror a perder mi salud irreversiblemente fue lo que me mantuvo alejada de la bebida durante algunos meses pero la ansiedad, la obsesión, el mal humor y toda esa desesperación que produce la abstención me estaban enloqueciendo…

Pero durante una sesión de terapia con una psicóloga y un médico del CAD de Cruz Roja de Moratalaz, me forzaron y me presionaron hasta que bramé que era alcohólica y precisaba ayuda urgente. Admití la posibilidad una vida sin beber alcohol y una semana después ingresé en el psiquiátrico del hospital Dr. R. Lafora, un centro pionero en el tratamiento hospitalario de trastornos adictivos relacionados con el alcohol y otras sustancias de abuso adictivo.

Durante quince días estuve ingresada en el hospital, con una amargura atroz al separarme de mi hijo y no poder tener comunicación alguna ni con él ni con mi familia y amigos. ES LO MÁS PARECIDO A ALCATRAZ.

Ante todo, fue una experiencia inolvidable y que recuerdo como positiva y constructiva: quince días de aislamiento absoluto hasta la completa desintoxicación física.

La reconstrucción pisológica es un proceso más complejo y a largo plazo: sigo en tratamiento psicológico y psiquiátrico, aún con medicación, eso sí, ínfima comparada con las 18 pastillas (LACASITOS, que llamábamos en el psiquiátrico) en el desayuno.

H)    Comportamiento violento y antisocial: disputas familiares, en el trabajo. Fundamentalmente en casa, con violencia verbal. Y en el trabajo, con constantes enfrentamientos con mis superiores y sensación de acoso laboral. Pero es que en ocasiones, me quedaba literalmente adormecida ante la pantalla del ordenador.

I)       Comencé a tener dificultades en mantener relaciones de pareja y familiares o en permanecer estable en mi trabajo. Cuando me encontraba bajo estados de ansiedad o con problemas, ante situaciones de decisiones importantes, escapaba de la realidad. No toleraba la frustración y me abandonaba a mi compañera la botella.
Tendía a culpar a los demás de sus propios fallos, a mis superiores en el trabajo y especialmente a mi propia pareja.

No aceptaba mis propias responsabilidades que me provocaban una dolorosa frustración.
J)      Acumulaba bebidas alcohólicas en casa y, a veces, ocultarlas de la vista de los demás, mi casa llegó a convertirse en un verdadero arsenal de alcohol.
Las botellas de ginebra las escondía en los lugares más insospechados, como dentro de una guitarra; distribuía la ginebra en botellas de plástico con apariencia externa e inofensiva de agua; incluso en el cuarto trastero, confiada de que nadie jamás las encontraría. Pero mi marido las encontraba una y otra vez y entonces yo negaba y huía, como siempre que me sentía desnuda ante la realidad, me acostaba y me hundía a llorar contra la almohada.

K)    Padecía alteraciones de la memoria. No rendía lo suficientemente con mis obligaciones laborales, tenía dificultades para concentrarme. Mis superiores se percataron de ello, de los errores al elaborar circulares, de mi comportamiento a la hora de intervenir en reuniones, arrastrando las palabras y con ellas, mi sufrimiento.

Ya no sabía desempeñarme en mi quehacer diario sin unos niveles de alcohol en sangre.

L)     Convivían episodios de depresión y existencia de problemas familiares (sobre todo de pareja) evidenciando la interrelación con el alcoholismo.

La fase más aguda, de mayor dependencia y descontrol sobre el consumo, coincidió con una intervención quirúrgica ginecológica (histeroscopia) que provocó en menos de un mes el inicio de una menopausia precoz, yo tenía 47 años. Y se abrió un mundo repentinamente para el cual yo no estaba preparada, por mucho que me hubiera informado al respecto.

Y  también en el breve periodo de un mes (abril de 2009) en relación con lo que anteriormente comentaba del daño y deterioro físico que genera el abuso del alcohol, comenzaron a manifestarse en mi piel unas placas pequeñas, irritantes, con picor y escozor que a los dos meses de su aparición, era insoportable y más cuando supuraban.
Y comencé el peregrinaje de alergólogos a dermatólogos, con una desazón desesperante que me impedía dormir por las noches. Tras un par de meses de pruebas médicas, no supieron diagnosticar mi mal dérmico, simplemente me dieron como solución anti-istamínicos , pomadas para calmar el picor y escozor con un elevado contenido de cortisona y evitar rascarme o rozarme las llagas. Al inicio del verano de 2009, me había convertido en un monstruo, hinchado y marcada de cicatrices.

Y con más motivo, mi viaje a través del alcohol se me antojaba más necesario, mi único consuelo. Las llagas y la hinchazón en todo el cuerpo, especialmente en las extremidades inferiores, me llevaron hasta en tres ocasiones al hospital. La última vez, incluso estando bajo los efectos del alcohol, fue cuando se inició el calvario de un seguimiento médico cada tres meses, hasta que después de un año, estando ya en abstinencia, la enfermedad comenzó a remitir, hasta su total desaparición: el servicio dermatológico del hospital Gregorio Marañón, colaboró en las pruebas y medicación con el servicio de aparato digestivo donde me dieron el ultimátum con el hígado. En el informe médico se hacían constar una serie de términos incomprensibles para mí, pero el fallo fue: cirrosis hepática.

Testimonio de una mujer alcohólica. IV



  1. MI IDENTIFICACIÓN COMO ALCOHÓLICA.
¿Cuáles son los síntomas que se comenzaron a manifestar en mí, como mujer alcohólica?.

En ocasiones de lucidez mental era consciente  del peligro que me acechaba, de determinados indicios de adicción al alcohol: lo que comenzó como una válvula de escape a la tristeza, se convirtió en una tortura y una dependencia absoluta hasta el punto de que abandonarme inconscientemente en unas rutinas que avanzaban como una apisonadora.

A)    Comenzaba a beber por la mañana, antes de comenzar la jornada laboral, convencida de que algo, poco, de alcohol, contrarrestaba los efectos de algún exceso del día anterior, y me ayudaría a sobrellevar la carga de otro día más de aburrida y anodina existencia.

B)     Bebía a solas en la clandestinidad, de manera compulsiva y/o incontrolada (aunque esta falta de control sea sólo en diversas ocasiones) y siempre en soledad. La verdad es que muchas mujeres recurren al alcohol para olvidar sus problemas, para tratar de sentirse mejor, para olvidar la soledad física y emocional que viven. Algunas beben solas, casi como prisioneras en su propia casa; otras beben en grupos con hombres como una forma de rebelarse ante la imagen tradicional de las mujeres. Pero llega un momento en que el alcohol, lejos de ser su remedio se convierte en su veneno y su condena.

Y bebía inicialmente, por lo menos una copa diaria. La frecuencia de consumo diaria se aproximaba cada vez más y difícilmente lograba discernir en qué momento no había consumido alcohol. No soportaba más de una hora sin entregarme a la sedación del alma. En la última y más terrible fase de la enfermedad, cada trago de ginebra rasgaba mi garganta, me ardía el esófago, ya no era consciente de que no me gustaba el sabor de la ginebra, sino que tan solo buscaba sus efectos.

Inicialmente, controlaba las dosis y las pautas de consumo (esporádicamente y consumiendo cerveza o vino en un vaso, alcohol de baja graduación), era consciente de que bebía alcohol para conseguir ese “punto” en el que encuentras consuelo, suficiente para no olvidar que tenía un hijo pequeño que requería de mi atención.

Llegaba del trabajo, tras hacer la compra (un trago), me ocupaba de mi hijo (otro trago), siempre había que realizar tareas domésticas (otro trago más), cuando no me llevaba trabajo a casa (otro más): el alcohol me ayudaba a desinhibirme.

Pero cuanto mayor y más profunda se convertía mi soledad, las pautas de consumo comenzaron a adquirir niveles más elevados, y ya no era consciente ni de la cantidad, ni del peligro, ni de las consecuencias. Obtener el placer de la relajación cada vez era más inaccesible, necesitaba más cantidad para que mi cuerpo y alma se sintieran satisfechos.


El alcohol me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno, ocultando así mis propias emociones, cegando mi espíritu y dejándome llevar por la galerna del mal entendido placer, creyendo así desahogar el ahogo de ahogarme en ese maléfico néctar con el fin de olvidar. Pero con el tiempo, mi amante me exigía cada vez más tolerancia y me traicionó.

El único testigo silencioso era mi hijo, entre los 10-11 años hasta su adolescencia, se encerraba en su cuarto para estudiar y en silencio observaba cómo su madre se convertía en un despojo. Nunca le abandoné, jamás desatendí mi compromiso como madre, le bañaba, le daba la cena, le acunaba, le arropaba, rezábamos nuestras oraciones juntos, pero para entonces, al anochecer, yo me encontraba altamente intoxicada y sólo con el deseo de acostarme y dejarme abrazar por el sueño de Morfeo. DORMIR  SE ACABÓ CONVIRTIENDO EN UNA PESADILLA, EN UNA OBSESIÓN, CON LOS OJOS CERRADOS, HUNDIDA EN EL ABISMO, NADA EXISTÍA: NI SOLEDAD, NI PROBLEMAS, NI JEFE QUE TE PRESIONARA.

PARA ÉL, MAMÁ ESTABA MALITA, NO ENTENDÍA QUÉ ME OCURRÍA, ESTABA “RARA”. JAMÁS ME PERDONARÉ HABERME PERDIDO SU CONEXIÓN DURANTE ESA ETAPA DE MI ALCOHOLISMO. NO LA PUEDO RECUPERAR.

AHORA DISFRUTO DE SU CONVIVENCIA EN LA ETAPA DE LA ADOLESCENCIA, COMPARTIENDO OTRAS CIRCUNSTANCIAS Y SITUACIONES. 

En algún momento que no recuerdo, en un punto de inflexión, ya no resistía tanto como antes, los efectos de la bebida.

Ya no se trataba de la dependencia psicológica, sino de la tan temida y devastadora dependencia física: la absoluta necesidad de beber, porque si no lo hacía mis manos se convertían en un manojo de nervios.


Testimonio de una mujer alcohólica III


  1. ALCOHOLISMO FEMENINO. SOY MUJER ALCOHÓLICA.

   

El alcoholismo en las mujeres parte de unos cánones diferentes al alcoholismo en los varones, desde el punto de vista fisiológico (como patología adictiva) y social (cómo encaja la mujer alcohólica en la sociedad, para quien la sociedad es mucho menos permisiva que en el caso de los hombres).






A)    La mujer es mucho más sensible a la intoxicación alcohólica, por los factores hormonales y de tolerancia, con menores dosis de alcohol y tiempos de intoxicación más cortos presentará las mismas complicaciones de salud física y mental que los hombres.

Tradicionalmente el hombre ha consumido alcohol en más cantidad y de mayor graduación que la mujer, motivado en parte por la función maternal que esta tiene y por un código de moral más rígido que ha logrado reducir el consumo en el sexo femenino, al menos hasta hace relativamente pocos años, pues el alcoholismo femenino ha ido en aumento, como lo ha hecho el consumo, motivado principalmente por la liberación de los tabúes y frenos sociales, por la mayor libertad individual de la mujer y su incorporación a la vida laboral y profesional, lo que les proporciona una mayor independencia.

B)     La edad de comienzo del consumo abusivo del alcohol en la mujer está entre los 30-40 años y a diferencia con los varones, desarrolla la enfermedad después de contraer matrimonio o de una unión sentimental.

                En el comienzo más tardío en la mujer alcohólica, interviene el aprendizaje como método de cambiar su mundo íntimo (baja autoestima, preocupación excesiva por no estar a la altura de asumir un papel en la sociedad, el nivel de responsabilidad y autoexigencia en el mundo profesional, como esposa y como madre,....) por lo que su forma de beber la canaliza desde el secretismo y la clandestinidad. La mujer alcohólica comienza a utilizar el alcohol para hacer frente a los sentimientos de depresión, acelerando su ingestión de forma progresiva.

Aunque mujeres y hombres alcohólicos tienen obviamente muchas cosas en común, se han descubierto ciertas diferencias de género. Las mujeres empiezan a beber y tienen su primer episodio de intoxicación más tarde que los hombres. Además, es más probable que la mujer alcohólica beba en casa y sola, mientras que los varones alcohólicos suelen hacerlo en ambientes sociales.

C)     La mujer tolera peor que el hombre el alcohol, lo que por un lado le puede reportar un beneficio protector contra el consumo abusivo. Y que lo tolere peor se debe principalmente a una peor metabolización que en el  hombre y a la mayor presencia de tejido graso en su organismo que provoca un mayor efecto del alcohol, llegando a paralizar el correcto funcionamiento del hígado, excesivamente graso y ya disfuncional.

D)    Otra de las características habituales del alcoholismo femenino es su ocultismo, fruto en muchas ocasiones de un gran sentimiento de culpa. Yo bebía en soledad, cuando nadie me vigilaba, cuando los problemas me cubrían como un fantasma: mi nivel de perfeccionismo y de autoexigencia como mujer trabajadora, como madre, fundamentalmente, tenía un nivel de corte exageradamente elevado para lo que realmente podía asumir, me desbordaba y comencé a sentirme seducida por la alternativa del alcohol. Lograba desinhibirme.

                En definitiva, la situación de las mujeres alcohólicas es diferente a la de los hombres, porque que un hombre sea un “borracho” es criticable, pero cuando una mujer admite que es alcohólica, la gente la condena de entrada quedando estigmatizada. No se la mide con la misma vara que al hombre. Para un hombre, beber es “macho”. Para una mujer, beber la convierte en una “mujer desnaturalizada”. 

Testimonio de una mujer alcohólica. II


  1. QUE ES EL ALCOHOL
El alcohol es una sustancia a la que nuestro organismo es especialmente vulnerable y sensible. Se absorbe muy rápido en cuento llega al estómago y en pocos segundos llega al cerebro donde “depolariza” las neuronas, es decir, desencadena una sensación de sedación y desinhibición además de euforia.

  1. ¿QUIÉN ES ALCOHÓLICO?
Sabemos que, como enfermos alcohólicos  no podemos beber con moderación. Nuestro patrón de bebida es incontrolado y, normalmente, compulsivo, yo consumía compulsivamente. En alguna ocasión sí podemos beber sólo una copa, pero no podemos predecir lo que tras esa copa se puede desencadenar. Las consecuencias negativas no frenarán nuestra necesidad de tomar otra copa, porque desarrollamos una dependencia física: yo ya no bebía por placer, sino por necesidad.

Hay que entender que el alcohol es moderadamente adictivo para la persona media pero fuertemente adictiva para el alcohólico. Tan sólo un trago de alcohol hace que el alcohólico recaiga y vuelva al patrón de bebida. Hay adicciones claramente autodestructivas como el alcoholismo o la drogadicción con una serie de secuelas asociadas que terminan por afectar la vida personal y social del individuo.

  1. ¿POR QUÉ YO? ¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS SE VUELVEN ALCOHÓLICAS?.
Es la sempiterna pregunta que nos formulamos todos los alcohólicos a lo largo de nuestra existencia, ¿por qué yo soy alcohólico?.

La pregunta nos la formulamos de manera especialmente insistente cuando  la enfermedad se encuentra en una fase muy avanzada y no encontrar respuesta nos devora.

Ciertamente existe un componente genético, es decir que los hijos o nietos de personas que han abusado del alcohol padecen mayor probabilidad de padecer ellos también tal adicción. Pero nadie de mi familia ha sido o es alcohólico y sin embargo yo lo soy.

Por supuesto que los seres humanos no somos tan solo “genética” ya que los factores ambientales (marginación social, familias desestructuradas,...) y educativos también nos condicionarán desde pequeños, si desde la infancia hemos convivido con el alcohol en la mesa aunque fuera a la hora de la comida: está socialmente aceptado.

También existe un componente altamente de predisposición psicológica (baja autoestima, pesimismo, gran sentido de la responsabilidad, …): el alcoholismo va siempre de la mano de una profunda depresión. Por eso el tratamiento de recuperación también se aborda desde la salud mental.

Testimonio de una mujer alcohólica. I



TESTIMONIO DE UNA MUJER ALCOHÓLICA

  1. INTRODUCCIÓN.
Soy alcohólica, mujer y madre alcohólica, no borracha. Esto lo he dicho muchas veces, en cientos de terapias.

En primer lugar, el mensaje que pretendo transmitir es de esperanza, de futuro, de liberación para todos los que hemos padecido la enfermedad del alcoholismo. Porque si yo he conseguido salir del pozo a manotazos, tú también puedes: BASTA CON QUERER.

Afortunadamente me rescataron de ese infierno, ingresé en una clínica durante un tiempo para desintoxicarme, ahora sigo mi recuperación día a día, esto es una carrera de fondo, no de velocidad, y aunque sé que soy enferma alcohólica, he vuelto a tener unas enormes ganas de vivir. Con una lucha diaria por mantener la abstinencia, que ya no es tensa y agotadora como al principio, sino adaptada a la realidad que ahora vivo como alcohólica rehabilitada.

Sólo tengo que mirar atrás y ver el calvario en el que se convirtió mi vida, una tortura  que parecía una macabra broma del destino.

Si no fuera por el grupo de AVAR, por los médicos y terapeutas del CAD de CRUZ ROJA  de Moratalaz, por mi familia, todavía estaría sufriendo amargura, soledad y desesperanza. Yo sufrí e hice sufrir a otras personas.

Hoy por hoy, mi disciplina diaria es vivir sin el alcohol, porque el alcoholismo se puede tratar, pero NO se puede curar, el equilibrio  entre cuerpo y alma se logra aprendiendo a vivir sin él. La abstinencia del alcohol constituye la base del tratamiento.

Hace tres años y pocos meses que me separé del alcohol, mi compañero de risas eufóricas, llantos incontrolables, fatigas, episodios patéticos y viajes al borde del precipicio, pero aun así yo lo amaba, me daba todo lo que le pedía, me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno.

Él y yo solos, porque como casi todas las mujeres alcohólicas, yo consumía en soledad, no era una bebedora social.