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jueves, 14 de febrero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. Y VIII

Una vida sin adicciones es posible.

  1. UNA VIDA SIN ALCOHOL. 
Ya llevo más de 3 años viviendo una vida sana, agradable y equilibrada sin tener que soportar el yugo del alcohol. Sobre todo supone una liberación  gratificante.

Mi trabajo diario lo abordo desde un punto de vista integral,  tomando cada realidad de la enfermedad, con esperanza, con visión de futuro, con la total reinserción en la vida y mi mundo. Tres años de abstinencia total, acudiendo a las terapias de AVAR, participando en ellas activamente.

Son muy pocas, poquísimas las personas que sospecharon o se dieron cuenta que yo tenía problemas con el alcohol porque mi obsesión por cuidar mi imagen y por brillar en mi trabajo fueron mayores a mi obsesión por beber, asunto que contribuyó a que me costara muchísimo trabajo descubrir y aceptar que era alcohólica puesto que yo sentía y transmitía que tenía mi vida bajo perfecto control.

Al cabo de los años, me convencí de que, por lo menos en mi caso, mi problema de alcoholismo surgió por mi errada actitud ante la vida pero, en la medida en que he ido entendiendo y controlando mis defectos de carácter, he logrado una existencia más armónica conmigo misma y con mi entorno, de tal manera que cada vez me resulta más fácil vivir tranquila y sin pensar en el alcohol. Viéndome cómo soy en realidad.

Parece ser que a los alcohólicos nunca se nos quitan las ganas de beber porque la enfermedad es un monstruo que siempre estará al acecho y poniéndonos trampas para seducirnos en cualquier momento de debilidad: “Creer que por dejar el trago no volverás a tener problemas es igual a creer que por ser vegetariana puedes pasearte frente a una vaca recién parida pensando que no te va a atacar”.

Por eso es que la asistencia a los grupos con AVAR es tan importante puesto que el grupo no solo nos ayuda a entender y manejar nuestra condición sino que también nos enseña a descubrir y a defendernos de las trampas que perennemente nos pone y nos pondrá la enfermedad (como por ejemplo, cómo afrontar las celebraciones navideñas o un acontecimiento social, o abordar las vacaciones estivales, que constituyen un riesgo para el alcohólico).

No puedo sino dar gracias a  AVAR, porque hoy en día viva en un paraíso porque lo cierto es que la vida es bella pero también es dura y el no beber no lo exime a uno de los problemas típicos de la existencia pero si le ayuda a encararlos desde una perspectiva más asertiva y obviamente la abstención lo libra a uno de agravar cualquier mala situación. PERO RECUPERAR LA DIGNIDAD ES UN EJE TRONCAL FUNDAMENTAL, Y DE NOSOTROS DEPENDE NUESTRA CORAZA Y FORTALEZA PARA PROTEGERNOS DEL ACOSO DEL ALCOHOL.

De todo corazón espero que mis palabras le sirvan a alguien y le agradezco a todo aquel que se haya tomado el trabajo de escucharme.
Sin adicciones + salud + vida



Por último, a todos y a todas los que me han ayudado por regalarme el pasaje para mi último tren, porque acepté el regalo, y tomé la decisión, mi gran decisión. Me subí al tren, arrancó rápidamente y cobró velocidad, y su retumbo me recuerda cada día que no puedo olvidar lo que soy. Es un tren de largo recorrido, con infinitas estaciones. Es el tren de mi vida, con lo bueno y con lo malo, es el tren de la libertad, pero también del miedo y de las dudas, pero es mi tren, el cual estoy empezando a conducir, y en este largo viaje, hoy por hoy y mañana por pasado y pasado por el otro…,  de este tren ya no me bajo. Porque hoy por hoy, he conseguido aprender a vivir sin el alcohol.




Magdalena M. R.
Socia de AVAR

domingo, 3 de febrero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. VII


  C)    Una de las claves para el éxito de un tratamiento para superar la adicción al alcohol es la motivación personal, SÍ QUIERO. Esto se potencia “si la persona posee una familia firme y tiene claro lo que pierde o perdería si no deja de tomar. En este caso, hay mayores posibilidades de salir”.

  D)     Aprendí a identificar qué me ocurría. Tapé la botella. Comencé el aprendizaje de una vida sin el alcohol, ALGO QUE APRENDÍ EN AVAR.

  E)     Me informé de lo que era el Alcoholismo: asistir a las reuniones de AVAR me han enseñado  tácticas, fórmulas y vías de escape para vivir sin el alcohol.

  F)    Otra evidencia de identificación del alcoholismo que propició mi abandono de la adicción fue el autoconocimiento: Trabajé en todas las áreas de mi vida.

Este es un momento muy crítico e importante para un alcohólico en su proceso de recuperación, pues entra a revisar y tratar de definir su autoestima o autocrítica, se puede decir que la esencia de la autoestima no nos llega cuando nos perfeccionamos o nos completamos, sino cuando reconocemos que somos incompletos y que necesitamos de otra persona para lograrlo. Así pues, necesitamos de los otros para ayudarnos y para poder ayudarlos. El encuentro con la autoestima y la dignidad como ser humano es crucial para un alcohólico en su proceso de recuperación, pues este paso, tiene como finalidad principal restablecer sus relaciones con los otros.

La Terapia Cognitivo-conductual considera que las personas nacemos con una herencia y un determinado temperamento, con los cuales comienza a interactuar con su entorno, aprendiendo pautas de comportamiento, tanto beneficiosas como perjudiciales para sí mismo y/ o para los demás. El término conducta se entiende en un sentido amplio, abarcando conductas visibles, así como pensamientos, sentimientos y emociones.

El enfoque cognitivo-conductual investiga cómo aprendemos, es decir los principios que explican el aprendizaje, tanto de comportamientos deseables como perjudiciales. El qué aprendemos, es algo que depende de la constitución genética y, fundamentalmente, de las experiencias de vida particulares e intransferibles de cada persona.




            G)     Cambié el enfoque emocional: Dejé de flagelarme por ser Alcohólica.



Testimonio de una mujer alcohólica. VI



  1. TRATAMIENTO DE LOS ALCOHÓLICOS - CÓMO ABANDONÉ EL CONSUMO DE ALCOHOL.
A)    El primer paso, antes incluso de reconocer la adicción, fue cómo repentinamente mi mundo de farsa se desmoronó: la situación dentro de mi matrimonio me hizo acudir a un CAF municipal, en el que tras unas terapias acudiendo sin mi pareja, el psicólogo me conminó a que las terapias fueran conjuntas.

Fue entonces cuando entre el psicólogo y mi marido me encontré acorralada, desvalida: “tienes problemas con el alcohol”. Pero tener problemas con el alcohol es la antesala del alcoholismo en su estado puro.

Comencé a vislumbrar que era el precipicio el que se aproximaba a mí y no yo al precipicio.
Ni el silencio de mi hijo, ni su mirada, lograban rescatarme de la complicidad entre el alcohol y yo.

En mi trabajo, me observaban de cerca el deterioro, el comportamiento, las frases inconexas, estaba bajo sospecha, obligándome a  acudir al especialista (no sabían cuál) que me aconsejara la baja médica, como finalmente ocurrió. Una baja médica que duró 8 meses, hasta mi total recuperación y abstinencia.

Hasta que mis padres, de los que yo ignoraba su sufrimiento, me agarraron de las muñecas y pusieron ante mí el espejo en el que descubrí una figura patética, demacrada y extremadamente delgada. Jamás fui consciente del sufrimiento de mis padres, testigos sin invitación del hundimiento de su única hija.

                Y el dique se desmoronó, se hizo pedazos, descubrí que quienes me rodeaban eran sabedores de mis pérdidas de control, de mis frases inconexas, de mis risotadas patéticas.

A partir de esa especie de tsunami, de explosión incontrolada de todas las mentiras, engaños y ocultismo, fui espectador de excepción de cómo toda mi vida se desplomaba como una montaña de naipes.

Para entonces,  ya me había convertido en paranoica.


B)     RECONOCER LA ADICCIÓN ALCOHÓLICA.
Mi mayor problema fue reconocer la adicción, NO SE TRATA DE ACEPTAR QUE SE “TIENEN PROBLEMAS CON EL ALCOHOL”.

Parece mentira que una cosa aparentemente tan obvia pueda constituir un problema importante pero así es frente al tratamiento del alcoholismo, yo no tenía capacidad para reconocer que era alcohólica. Como todos los enfermos, empleaba mecanismos disuasorios, de autoengaño y de negación: “Es verdad que bebo pero tampoco es para tanto…. Suelo beber lo mismo que los demás…. Bueno, es verdad pero yo dejo de beber cuando quiero, etc.”.

En una sociedad donde se venden dosis mortales de alcohol en los supermercados y donde el alcohol constituye un elemento omnipresente en muchísimos eventos sociales y de la vida cotidiana como en una simple reunión en un bar cualquiera a la hora del aperitivo, resulta muy difícil que una persona mida el alcance de su problema real y se ponga en tratamiento.

Como he manifestado antes, una psicóloga y un médico del CAD de Cruz Roja de Moratalaz, me forzaron y me presionaron hasta que bramé que era alcohólica y precisaba ayuda urgente e ingresé en el psiquiátrico del hospital Dr. R. Lafora.

             A partir del alta médica hospitalaria, comenzó la reconstrucción pisológica, un proceso más complejo y a largo plazo: sigo en tratamiento psicológico y psiquiátrico, aún con medicación, eso sí, ínfima comparada con las 18 pastillas (LACASITOS, que llamábamos en el psiquiátrico) en el desayuno.

domingo, 27 de enero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. V



C)     Me sentía muy deprimida, segura de que nadie me comprendía ni me quería, que nadie me agradecía y reconocía todo lo que yo estaba dando en la vida. Sentía un enorme y devastador vacío interior.

D)    Me molestaba y crispaba con exceso cuando alguien me hacía notar que estaba bebiendo demasiado y negaba lo que me bebía.

E)     Lloraba y me desesperaba al percatarme de esta situación.
Fui descendiendo los peldaños del infierno, engalanada con mis mejores joyas, siempre    perfecta.

F)     Se manifestaban signos externos de abstinencia al parar de beber (síndrome de abstinencia): temblores, alucinaciones, malestar general, incluso convulsiones, calambres musculares.

G)    Comenzaron a producirse los primeros daños físicos: en el hígado, cerebro, palmas de las manos enrojecidas, etc. En un momento álgido de mi enfermedad, el nivel de mis transaminasas oscilaban entre 800 y 1000. Mi hígado estaba dañado (esteatosis hepática) y este daño indoloro y oculto, silencioso, fue el que más me aterró, porque me quedé en la antesala de un trasplante hepático. SOLO ENTONCES FUI CONSCIENTE DE LA POSIBILIDAD DE CIRROSIS, LA MUERTE, cuando leí el informe médico sentí como una descarga eléctrica.

Físicamente me encontraba bien. Pero el deterioro físico y analítico suele darse en estadios avanzados del alcoholismo. Su traducción en cifras anómalas de transaminasas (enzimas hepáticas) ocurre cuando existe verdadero sufrimiento hepático. En muchas ocasiones el cuerpo sigue respondiendo de manera más o menos regular pero ello no significa que la adicción a nivel psicológico haya avanzado de manera importante.

El terror a perder mi salud irreversiblemente fue lo que me mantuvo alejada de la bebida durante algunos meses pero la ansiedad, la obsesión, el mal humor y toda esa desesperación que produce la abstención me estaban enloqueciendo…

Pero durante una sesión de terapia con una psicóloga y un médico del CAD de Cruz Roja de Moratalaz, me forzaron y me presionaron hasta que bramé que era alcohólica y precisaba ayuda urgente. Admití la posibilidad una vida sin beber alcohol y una semana después ingresé en el psiquiátrico del hospital Dr. R. Lafora, un centro pionero en el tratamiento hospitalario de trastornos adictivos relacionados con el alcohol y otras sustancias de abuso adictivo.

Durante quince días estuve ingresada en el hospital, con una amargura atroz al separarme de mi hijo y no poder tener comunicación alguna ni con él ni con mi familia y amigos. ES LO MÁS PARECIDO A ALCATRAZ.

Ante todo, fue una experiencia inolvidable y que recuerdo como positiva y constructiva: quince días de aislamiento absoluto hasta la completa desintoxicación física.

La reconstrucción pisológica es un proceso más complejo y a largo plazo: sigo en tratamiento psicológico y psiquiátrico, aún con medicación, eso sí, ínfima comparada con las 18 pastillas (LACASITOS, que llamábamos en el psiquiátrico) en el desayuno.

H)    Comportamiento violento y antisocial: disputas familiares, en el trabajo. Fundamentalmente en casa, con violencia verbal. Y en el trabajo, con constantes enfrentamientos con mis superiores y sensación de acoso laboral. Pero es que en ocasiones, me quedaba literalmente adormecida ante la pantalla del ordenador.

I)       Comencé a tener dificultades en mantener relaciones de pareja y familiares o en permanecer estable en mi trabajo. Cuando me encontraba bajo estados de ansiedad o con problemas, ante situaciones de decisiones importantes, escapaba de la realidad. No toleraba la frustración y me abandonaba a mi compañera la botella.
Tendía a culpar a los demás de sus propios fallos, a mis superiores en el trabajo y especialmente a mi propia pareja.

No aceptaba mis propias responsabilidades que me provocaban una dolorosa frustración.
J)      Acumulaba bebidas alcohólicas en casa y, a veces, ocultarlas de la vista de los demás, mi casa llegó a convertirse en un verdadero arsenal de alcohol.
Las botellas de ginebra las escondía en los lugares más insospechados, como dentro de una guitarra; distribuía la ginebra en botellas de plástico con apariencia externa e inofensiva de agua; incluso en el cuarto trastero, confiada de que nadie jamás las encontraría. Pero mi marido las encontraba una y otra vez y entonces yo negaba y huía, como siempre que me sentía desnuda ante la realidad, me acostaba y me hundía a llorar contra la almohada.

K)    Padecía alteraciones de la memoria. No rendía lo suficientemente con mis obligaciones laborales, tenía dificultades para concentrarme. Mis superiores se percataron de ello, de los errores al elaborar circulares, de mi comportamiento a la hora de intervenir en reuniones, arrastrando las palabras y con ellas, mi sufrimiento.

Ya no sabía desempeñarme en mi quehacer diario sin unos niveles de alcohol en sangre.

L)     Convivían episodios de depresión y existencia de problemas familiares (sobre todo de pareja) evidenciando la interrelación con el alcoholismo.

La fase más aguda, de mayor dependencia y descontrol sobre el consumo, coincidió con una intervención quirúrgica ginecológica (histeroscopia) que provocó en menos de un mes el inicio de una menopausia precoz, yo tenía 47 años. Y se abrió un mundo repentinamente para el cual yo no estaba preparada, por mucho que me hubiera informado al respecto.

Y  también en el breve periodo de un mes (abril de 2009) en relación con lo que anteriormente comentaba del daño y deterioro físico que genera el abuso del alcohol, comenzaron a manifestarse en mi piel unas placas pequeñas, irritantes, con picor y escozor que a los dos meses de su aparición, era insoportable y más cuando supuraban.
Y comencé el peregrinaje de alergólogos a dermatólogos, con una desazón desesperante que me impedía dormir por las noches. Tras un par de meses de pruebas médicas, no supieron diagnosticar mi mal dérmico, simplemente me dieron como solución anti-istamínicos , pomadas para calmar el picor y escozor con un elevado contenido de cortisona y evitar rascarme o rozarme las llagas. Al inicio del verano de 2009, me había convertido en un monstruo, hinchado y marcada de cicatrices.

Y con más motivo, mi viaje a través del alcohol se me antojaba más necesario, mi único consuelo. Las llagas y la hinchazón en todo el cuerpo, especialmente en las extremidades inferiores, me llevaron hasta en tres ocasiones al hospital. La última vez, incluso estando bajo los efectos del alcohol, fue cuando se inició el calvario de un seguimiento médico cada tres meses, hasta que después de un año, estando ya en abstinencia, la enfermedad comenzó a remitir, hasta su total desaparición: el servicio dermatológico del hospital Gregorio Marañón, colaboró en las pruebas y medicación con el servicio de aparato digestivo donde me dieron el ultimátum con el hígado. En el informe médico se hacían constar una serie de términos incomprensibles para mí, pero el fallo fue: cirrosis hepática.

Testimonio de una mujer alcohólica. IV



  1. MI IDENTIFICACIÓN COMO ALCOHÓLICA.
¿Cuáles son los síntomas que se comenzaron a manifestar en mí, como mujer alcohólica?.

En ocasiones de lucidez mental era consciente  del peligro que me acechaba, de determinados indicios de adicción al alcohol: lo que comenzó como una válvula de escape a la tristeza, se convirtió en una tortura y una dependencia absoluta hasta el punto de que abandonarme inconscientemente en unas rutinas que avanzaban como una apisonadora.

A)    Comenzaba a beber por la mañana, antes de comenzar la jornada laboral, convencida de que algo, poco, de alcohol, contrarrestaba los efectos de algún exceso del día anterior, y me ayudaría a sobrellevar la carga de otro día más de aburrida y anodina existencia.

B)     Bebía a solas en la clandestinidad, de manera compulsiva y/o incontrolada (aunque esta falta de control sea sólo en diversas ocasiones) y siempre en soledad. La verdad es que muchas mujeres recurren al alcohol para olvidar sus problemas, para tratar de sentirse mejor, para olvidar la soledad física y emocional que viven. Algunas beben solas, casi como prisioneras en su propia casa; otras beben en grupos con hombres como una forma de rebelarse ante la imagen tradicional de las mujeres. Pero llega un momento en que el alcohol, lejos de ser su remedio se convierte en su veneno y su condena.

Y bebía inicialmente, por lo menos una copa diaria. La frecuencia de consumo diaria se aproximaba cada vez más y difícilmente lograba discernir en qué momento no había consumido alcohol. No soportaba más de una hora sin entregarme a la sedación del alma. En la última y más terrible fase de la enfermedad, cada trago de ginebra rasgaba mi garganta, me ardía el esófago, ya no era consciente de que no me gustaba el sabor de la ginebra, sino que tan solo buscaba sus efectos.

Inicialmente, controlaba las dosis y las pautas de consumo (esporádicamente y consumiendo cerveza o vino en un vaso, alcohol de baja graduación), era consciente de que bebía alcohol para conseguir ese “punto” en el que encuentras consuelo, suficiente para no olvidar que tenía un hijo pequeño que requería de mi atención.

Llegaba del trabajo, tras hacer la compra (un trago), me ocupaba de mi hijo (otro trago), siempre había que realizar tareas domésticas (otro trago más), cuando no me llevaba trabajo a casa (otro más): el alcohol me ayudaba a desinhibirme.

Pero cuanto mayor y más profunda se convertía mi soledad, las pautas de consumo comenzaron a adquirir niveles más elevados, y ya no era consciente ni de la cantidad, ni del peligro, ni de las consecuencias. Obtener el placer de la relajación cada vez era más inaccesible, necesitaba más cantidad para que mi cuerpo y alma se sintieran satisfechos.


El alcohol me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno, ocultando así mis propias emociones, cegando mi espíritu y dejándome llevar por la galerna del mal entendido placer, creyendo así desahogar el ahogo de ahogarme en ese maléfico néctar con el fin de olvidar. Pero con el tiempo, mi amante me exigía cada vez más tolerancia y me traicionó.

El único testigo silencioso era mi hijo, entre los 10-11 años hasta su adolescencia, se encerraba en su cuarto para estudiar y en silencio observaba cómo su madre se convertía en un despojo. Nunca le abandoné, jamás desatendí mi compromiso como madre, le bañaba, le daba la cena, le acunaba, le arropaba, rezábamos nuestras oraciones juntos, pero para entonces, al anochecer, yo me encontraba altamente intoxicada y sólo con el deseo de acostarme y dejarme abrazar por el sueño de Morfeo. DORMIR  SE ACABÓ CONVIRTIENDO EN UNA PESADILLA, EN UNA OBSESIÓN, CON LOS OJOS CERRADOS, HUNDIDA EN EL ABISMO, NADA EXISTÍA: NI SOLEDAD, NI PROBLEMAS, NI JEFE QUE TE PRESIONARA.

PARA ÉL, MAMÁ ESTABA MALITA, NO ENTENDÍA QUÉ ME OCURRÍA, ESTABA “RARA”. JAMÁS ME PERDONARÉ HABERME PERDIDO SU CONEXIÓN DURANTE ESA ETAPA DE MI ALCOHOLISMO. NO LA PUEDO RECUPERAR.

AHORA DISFRUTO DE SU CONVIVENCIA EN LA ETAPA DE LA ADOLESCENCIA, COMPARTIENDO OTRAS CIRCUNSTANCIAS Y SITUACIONES. 

En algún momento que no recuerdo, en un punto de inflexión, ya no resistía tanto como antes, los efectos de la bebida.

Ya no se trataba de la dependencia psicológica, sino de la tan temida y devastadora dependencia física: la absoluta necesidad de beber, porque si no lo hacía mis manos se convertían en un manojo de nervios.


Testimonio de una mujer alcohólica III


  1. ALCOHOLISMO FEMENINO. SOY MUJER ALCOHÓLICA.

   

El alcoholismo en las mujeres parte de unos cánones diferentes al alcoholismo en los varones, desde el punto de vista fisiológico (como patología adictiva) y social (cómo encaja la mujer alcohólica en la sociedad, para quien la sociedad es mucho menos permisiva que en el caso de los hombres).






A)    La mujer es mucho más sensible a la intoxicación alcohólica, por los factores hormonales y de tolerancia, con menores dosis de alcohol y tiempos de intoxicación más cortos presentará las mismas complicaciones de salud física y mental que los hombres.

Tradicionalmente el hombre ha consumido alcohol en más cantidad y de mayor graduación que la mujer, motivado en parte por la función maternal que esta tiene y por un código de moral más rígido que ha logrado reducir el consumo en el sexo femenino, al menos hasta hace relativamente pocos años, pues el alcoholismo femenino ha ido en aumento, como lo ha hecho el consumo, motivado principalmente por la liberación de los tabúes y frenos sociales, por la mayor libertad individual de la mujer y su incorporación a la vida laboral y profesional, lo que les proporciona una mayor independencia.

B)     La edad de comienzo del consumo abusivo del alcohol en la mujer está entre los 30-40 años y a diferencia con los varones, desarrolla la enfermedad después de contraer matrimonio o de una unión sentimental.

                En el comienzo más tardío en la mujer alcohólica, interviene el aprendizaje como método de cambiar su mundo íntimo (baja autoestima, preocupación excesiva por no estar a la altura de asumir un papel en la sociedad, el nivel de responsabilidad y autoexigencia en el mundo profesional, como esposa y como madre,....) por lo que su forma de beber la canaliza desde el secretismo y la clandestinidad. La mujer alcohólica comienza a utilizar el alcohol para hacer frente a los sentimientos de depresión, acelerando su ingestión de forma progresiva.

Aunque mujeres y hombres alcohólicos tienen obviamente muchas cosas en común, se han descubierto ciertas diferencias de género. Las mujeres empiezan a beber y tienen su primer episodio de intoxicación más tarde que los hombres. Además, es más probable que la mujer alcohólica beba en casa y sola, mientras que los varones alcohólicos suelen hacerlo en ambientes sociales.

C)     La mujer tolera peor que el hombre el alcohol, lo que por un lado le puede reportar un beneficio protector contra el consumo abusivo. Y que lo tolere peor se debe principalmente a una peor metabolización que en el  hombre y a la mayor presencia de tejido graso en su organismo que provoca un mayor efecto del alcohol, llegando a paralizar el correcto funcionamiento del hígado, excesivamente graso y ya disfuncional.

D)    Otra de las características habituales del alcoholismo femenino es su ocultismo, fruto en muchas ocasiones de un gran sentimiento de culpa. Yo bebía en soledad, cuando nadie me vigilaba, cuando los problemas me cubrían como un fantasma: mi nivel de perfeccionismo y de autoexigencia como mujer trabajadora, como madre, fundamentalmente, tenía un nivel de corte exageradamente elevado para lo que realmente podía asumir, me desbordaba y comencé a sentirme seducida por la alternativa del alcohol. Lograba desinhibirme.

                En definitiva, la situación de las mujeres alcohólicas es diferente a la de los hombres, porque que un hombre sea un “borracho” es criticable, pero cuando una mujer admite que es alcohólica, la gente la condena de entrada quedando estigmatizada. No se la mide con la misma vara que al hombre. Para un hombre, beber es “macho”. Para una mujer, beber la convierte en una “mujer desnaturalizada”. 

Testimonio de una mujer alcohólica. II


  1. QUE ES EL ALCOHOL
El alcohol es una sustancia a la que nuestro organismo es especialmente vulnerable y sensible. Se absorbe muy rápido en cuento llega al estómago y en pocos segundos llega al cerebro donde “depolariza” las neuronas, es decir, desencadena una sensación de sedación y desinhibición además de euforia.

  1. ¿QUIÉN ES ALCOHÓLICO?
Sabemos que, como enfermos alcohólicos  no podemos beber con moderación. Nuestro patrón de bebida es incontrolado y, normalmente, compulsivo, yo consumía compulsivamente. En alguna ocasión sí podemos beber sólo una copa, pero no podemos predecir lo que tras esa copa se puede desencadenar. Las consecuencias negativas no frenarán nuestra necesidad de tomar otra copa, porque desarrollamos una dependencia física: yo ya no bebía por placer, sino por necesidad.

Hay que entender que el alcohol es moderadamente adictivo para la persona media pero fuertemente adictiva para el alcohólico. Tan sólo un trago de alcohol hace que el alcohólico recaiga y vuelva al patrón de bebida. Hay adicciones claramente autodestructivas como el alcoholismo o la drogadicción con una serie de secuelas asociadas que terminan por afectar la vida personal y social del individuo.

  1. ¿POR QUÉ YO? ¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS SE VUELVEN ALCOHÓLICAS?.
Es la sempiterna pregunta que nos formulamos todos los alcohólicos a lo largo de nuestra existencia, ¿por qué yo soy alcohólico?.

La pregunta nos la formulamos de manera especialmente insistente cuando  la enfermedad se encuentra en una fase muy avanzada y no encontrar respuesta nos devora.

Ciertamente existe un componente genético, es decir que los hijos o nietos de personas que han abusado del alcohol padecen mayor probabilidad de padecer ellos también tal adicción. Pero nadie de mi familia ha sido o es alcohólico y sin embargo yo lo soy.

Por supuesto que los seres humanos no somos tan solo “genética” ya que los factores ambientales (marginación social, familias desestructuradas,...) y educativos también nos condicionarán desde pequeños, si desde la infancia hemos convivido con el alcohol en la mesa aunque fuera a la hora de la comida: está socialmente aceptado.

También existe un componente altamente de predisposición psicológica (baja autoestima, pesimismo, gran sentido de la responsabilidad, …): el alcoholismo va siempre de la mano de una profunda depresión. Por eso el tratamiento de recuperación también se aborda desde la salud mental.

Testimonio de una mujer alcohólica. I



TESTIMONIO DE UNA MUJER ALCOHÓLICA

  1. INTRODUCCIÓN.
Soy alcohólica, mujer y madre alcohólica, no borracha. Esto lo he dicho muchas veces, en cientos de terapias.

En primer lugar, el mensaje que pretendo transmitir es de esperanza, de futuro, de liberación para todos los que hemos padecido la enfermedad del alcoholismo. Porque si yo he conseguido salir del pozo a manotazos, tú también puedes: BASTA CON QUERER.

Afortunadamente me rescataron de ese infierno, ingresé en una clínica durante un tiempo para desintoxicarme, ahora sigo mi recuperación día a día, esto es una carrera de fondo, no de velocidad, y aunque sé que soy enferma alcohólica, he vuelto a tener unas enormes ganas de vivir. Con una lucha diaria por mantener la abstinencia, que ya no es tensa y agotadora como al principio, sino adaptada a la realidad que ahora vivo como alcohólica rehabilitada.

Sólo tengo que mirar atrás y ver el calvario en el que se convirtió mi vida, una tortura  que parecía una macabra broma del destino.

Si no fuera por el grupo de AVAR, por los médicos y terapeutas del CAD de CRUZ ROJA  de Moratalaz, por mi familia, todavía estaría sufriendo amargura, soledad y desesperanza. Yo sufrí e hice sufrir a otras personas.

Hoy por hoy, mi disciplina diaria es vivir sin el alcohol, porque el alcoholismo se puede tratar, pero NO se puede curar, el equilibrio  entre cuerpo y alma se logra aprendiendo a vivir sin él. La abstinencia del alcohol constituye la base del tratamiento.

Hace tres años y pocos meses que me separé del alcohol, mi compañero de risas eufóricas, llantos incontrolables, fatigas, episodios patéticos y viajes al borde del precipicio, pero aun así yo lo amaba, me daba todo lo que le pedía, me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno.

Él y yo solos, porque como casi todas las mujeres alcohólicas, yo consumía en soledad, no era una bebedora social.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Alcoholismo femenino y su terapéutica. Y II


     Terminamos con el entresacado del artículo "Alcoholismo femenino y su terapéutica" de la Dra. Irma Morales de Flores y el Padre Luis Alberto Valverde Obando, publicado en la "Revista de Ciencias Sociales" de la Universidad de Costa Rica.


     "La mujer que trabaja también tiene muchos problemas similares pero los suyos no pueden aislarse de su relación con su patrono. Los resultados de su hábito se traducen al ausentismo debido a dolores de cabeza, resfríos, gripe y otras enfermedades que sirven de excusa en sus intentos por ocultar su hábito de beber a los ojos de sus compañeros de trabajo y de su patrono. No pasa mucho tiempo antes que se vea en la necesidad de solicitar ayuda en la solución de su problema o en la de encararse a la posibilidad del despido.

     Cuando la mujer adicta se presenta o se presta a tratamiento ya en un largo tiempo de estar ocultando su hábito y de ser protegida por la familia, amigos y la sociedad, puede al final ser literalmente rechazada por la familia, los amigos y sociedad. Es definida muy frecuentemente cuando llega a este punto, como una mujer caída. Conforme aumenta la sensación de que es una persona malquerida, derrotada e incapaz, se hace más retraída, engañosa y manipuladora, absorbida por el desprecio y el odio hacia sí misma, es destructiva y hostil y al mismo tiempo se siente culpable y llena de remordimientos; se ha convertido en una persona socialmente aislada e incomunicada que utiliza  mecanismos de autodefensa tales como: la negación, la racionalización, la proyección y el autoengaño para evitar mayores angustias físicas y mentales.

     Pese a todo lo anterior para una mujer resulta más soportable el sufrir su enfermedad que el enfrentarse al estigma de ser llamada alcohólica. Por estar tratando con una enfermedad progresiva e incurable podemos deducir de manera muy aproximada la etapa en que se encuentra y las medidas a tomas para detenerla. Debemos recordar que las recaídas durante los primeros meses de tratamiento son de esperar y que pueden haber recaídas aún después de muchos meses de sobriedad. Por tanto es de especial importancia el que alguien asuma el papel y la responsabilidad de ser coordinador, amigo y terapeuta a largo plazo para la mujer adicta…"

Alcoholismo femenino y su terapéutica. I


Por su claridad extraemos del artículo "Alcoholismo femenino y su terapéutica" de la Dra. Irma Morales de Flores y el Padre Luis Alberto Valverde Obando, publicado en la "Revista de Ciencias Sociales" de la Universidad de Costa Rica, algunas secuencias:


    "El alcoholismo en la mujer se inicia, por lo general, como consecuencia de la lenta acumulación de necesidades emocionales no resueltas ni satisfechas en los campos del amor, la significación y el sentido de pertenencia, en una cultura dentro de la cual la costumbre de beber socialmente es práctica común y aceptada. Ella descubre casi de inmediato sus efectos analgésicos así como otros más que recibe con placer. Se da cuenta de que ahora se puede sentir a gusto con otros y de que ya no padece de miedo y encuentra salida a sus resentimientos contenidos y a sus hostilidades hacia aquellos cuya desaprobación teme. Libera sus inhibiciones y siente que puede expresarse, que se la conoce como persona, es más como persona muy importante.

     La suave corriente que la lleva de la bebida social al alcoholismo es tan lenta que la mujer adicta jamás se da cuenta de tal hecho. No ve, ahora utiliza el alcohol más como droga y anestésico que como bebida y más en busca de un resultado específico que con un propósito social. La mujer adicta llevará muchas máscaras durante las etapas progresivas de su enfermedad en el desesperado esfuerzo por ocultar la creciente dependencia del alcohol y los cambios físicos y de personalidad que comienzan a ocurrirle. Tratará de compensar excesivamente el hábito de beber y la conducta irregular cuando incurre en él, tratando de ser la esposa y ama de casa perfecta, la madre modelo, la mejor de las amas de casa. Reforzada por unos cuantos tragos de más durante el transcurso de la velada, luchará por ser la anfitriona alegre, ingeniosa y encantadora. La amenaza y el temor de ser descubierta, representa para ella un rechazo por los seres a los cuales ama y la lleva desesperadamente a tratar de complacer a todo el mundo.

     Conforme la mujer adicta va avanzando hacia las últimas etapas del alcoholismo pierde su individualidad y tiende a parecerse cada vez más a sus hermanas alcohólicas, pronto surgen en ella sensaciones de inquietud y aprehensión y siente que algo anda mal, pero es incapaz de identificarlo; padece fatiga, inquietud, falta de apetito, insomnio y finalmente padece de agotamiento completo y total. Pero trata aún de cumplir con sus deberes como madre y esposa, pero dada la notable diferencia entre su conducta actual y la anterior, provoca las quejas y críticas de su familia. Al hacerse más intenso su sentido de culpa y sus remordimientos y su necesidad de salvar y aliviar sus crecientes temores, ansiedades y dolores, crece también su dependencia de las cualidades anestésicas del alcohol como escape de los dolores físicos y síquicos y de los problemas de la vida cotidiana." 

martes, 16 de octubre de 2012

Cuadro del alcoholismo femenino.

     Lo habitual en la ingestión de alcohol es que la haga en la más absoluta soledad, dentro del hogar, donde su abuso alcohólico pase desapercibido y tomando a escondidas, motivado en buena parte por sus sentimientos de culpa y vergüenza, que no le permite el beber de forma desordenada fuera de casa.

                           
     La progresión de su alcoholismo provoca la ingesta de grades cantidades de alcohol, muchas veces asociado al consumo de ansiolíticos, llegando frecuentemente a la embriaguez comatosa. Durante los primeros años seguirá su evolución dentro de la más absoluta clandestinidad hasta que es descubierta su secreta afición por su pareja y desde ese momento desarrollará una lucha interna entre la realidad y el intento de negar todo.

     En la mayoría de los casos del alcoholismo femenino se da en una mujer que busca en el alcohol una forma de desinhibirse y liberarse de su situación abriendo paso a un mundo nuevo.

     La convivencia de una mujer alcohólica con su pareja se hace difícil (más que cuando el enfermo es él) pues su compañero suele ser poco tolerante y comprensivo con lo que le ocurre a su pareja, por lo que provoca la ruptura. La sociedad tampoco se lo pone fácil, pues sufre el rechazo, mayor que en el alcohólico, y rápidamente es tachada como borracha, viciosa y otros adjetivos más hirientes, que hacen que se refugie aún más en la botella intentando borrar la sensación de soledad y amargura en que está sumida.

     Y como la mujer es mucho más sensible a la intoxicación alcohólica, por los factores que en otra entrada hemos comentado, con menores dosis de alcohol y tiempos de intoxicación por lo tanto más cortos, presentará las mismas complicaciones de salud física y mental que los hombres, pero con mucha mayor antelación que ellos.

Factores de riesgo en la mujer alcohólica.

     El factor de riesgo más importante en la mujer es la existencia de un trastorno depresivo o ansioso que va muy unido a la forma del beber femenino. Las mujeres presentan mayores tasas de trastornos de ansiedad y afectivos que los hombres y lo habitual (66 %) es que el trastorno depresivo anteceda a alcoholismo. La coexistencia de trastorno depresivos y dependencia del alcohol conlleva un peor curso clínico puesto que al consumo de alcohol se añade con frecuencia el de psicofármacos, con el resultado de intoxicaciones más severas, con riesgo de tentativas suicidas, accidentes, traumatismo y alteraciones de la conducta.

      Otro de los factores que inciden el el alcoholismo son las rupturas sentimentales de pareja o de relaciones difíciles con estas, principalmente de incomunicación, que le provocan sensaciones de soledad y vacío e inseguridad.

     Es conveniente no olvidad que muchas veces la enfermedad le es trasmitida por su pareja alcohólica, pues como hemos visto en otras entradas, el alcoholismo es una enfermedad que se trasmite por contagio social.


     A pesar de los cambios culturales existe mayor reprobación social y de rechazo hacia la mujer alcohólica, para ella el reconocimiento del consumo tiene un mayor coste social pues se le cuestiona el cumplimiento de sus atribuciones como pareja y madre. Y aunque la mujer puede aceptar más fácilmente que necesita ayuda, el estigma social dificulta su asistencia a centros de rehabilitación.