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domingo, 10 de marzo de 2013

Funcionamiento de una terapia.


     Nuestras terapias de autoayuda y ayuda mutua están formadas por enfermos alcohólicos y en los casos de los más jóvenes también vienen con adicciones a otras sustancias (politoxicómanos), por lo que cuando hablamos sobre las adicciones TODOS sabemos de lo que estamos tratando.


     El grupo está compuesto tanto por hombres como mujeres, de todas las edades y oficios. En un número variable nos juntamos tres días a la semana L - X - V desde las 18:30 hasta las 20:30 h., dos horas en las que se rompe el miedo al silencio y a la vergüenza, donde un moderador posibilita que la persona que desee hablar o exponer una vivencia, pueda hacerlo mientras el resto de los compañeros escuchan atentamente y si consideran que tienen algo que exponer lo hace levantando la mano para que le sea concedida la palabra. De esta manera se experimenta un nexo de unión entre el grupo en el que todos somos participes del éxito de cada uno, en donde se vislumbra el final del túnel y donde se experimenta que es posible salir de las adicciones, puesto que junto a ti hay una persona que lleva años en abstinencia.



     Las reglas básica para nuestras sesiones son el respeto y el compromiso en dejar la adicción.



     En múltiples ocasiones decimos que las terapias son como volver a la escuela, pues es donde aprendemos a vivir sin alcohol, compartiendo experiencias y sobre todo, mostrando las herramientas de las que se han servido aquellos que llevan más tiempo de abstinencia y que también les puede servir de ayuda para los que se han incorporado hace menos tiempo al club de los abstinentes. Importantísimo resulta el verse que uno no está solo en la lucha por la abstinencia, sino que cuenta con el apoyo de una asociación cuyos integrantes le comprenden perfectamente y comprenden las secuelas que sufre (familia, trabajo, salud...).



     ¿Quién acude a nuestras terapias?. Siempre las personas que acuden lo hacen por un motivo grave de salud, de familia, de trabajo, de justicia, etc. y en casi todas se da la unión de varios de estos motivos. Muchos vienen derivados de centros de salud, después de haber pasado por episodios realmente graves.


     Cada dos semanas contamos con la presencia de una psicóloga que compartimos enfermos y familiares y un becario estudiante de último año de psicología, mediante las aportaciones que entre aquellos enfermos y familiares que puedan, vamos haciendo a la caja común y que nos permite contar con estos profesionales, al menos 8-9 meses al año (dependiendo de las aportaciones).





¿Por qué alcohólico?

     ¿Por qué nos resulta tan difícil el aceptar que somos alcohólicos?. Creo que se debe principalmente al desconocimiento de lo que es esta enfermedad y a su estigmatización.

     Siempre nos ocurre que antes de aceptar la enfermedad que padecemos, somos capaces de poner mil excusas para intentar no vernos como alcohólicos, puesto que nuestro desconocimiento nos hacer sentir esta enfermedad como algo tremendamente negativo, propio de personas perdedoras, sin moral, sin vergüenza y asociales, carentes de principios y respeto por si mismos.

     Ante semejante visión no nos queda más que engañarnos a nosotros mismos y en la inmensa mayoría de los casos lo conseguimos. Casi nunca hemos sido capaces de reconocernos como tales alcohólicos, y solemos mentirnos, diciéndonos que somos capaces de dejar de beber cuando y donde queramos, que tan sólo bebemos para deshinibirnos, socializar o para sentirnos bien.

     Pero esto en realidad no es así, pues en numerosas ocasiones nos hemos propuesto el dejar de beber a partir del día de mañana, pero a la mañana siguiente nos hemos levantado y lo que ayer prometimos no somos capaces de cumplirlo, por lo que nos haremos una nueva promesa para dejar de beber a partir de la próxima semana, aunque sabemos que cuando el lunes llegue seremos incapaces de no beber. Y repetiremos una y otra vez, una y otra vez... siempre con el mismo resultado.

     Somos enfermos alcohólicos puesto que hemos perdido la libertad para dejar de beber y cuanto más tiempo pase sin poner una solución a su enfermedad, esta se hará más y más fuerte, debilitando cada vez más la voluntad y dejando mayores secuelas en su cuerpo y su alma, pues cuanto más se acerque al final de sus días, habrá perdido no solamente su salud, sino que también habrá perdido todo rasgo de humanidad, con el desprecio de la sociedad y por supuesto el de la familia. Solo que quedará la desesperación y la muerte en soledad.   


sábado, 9 de marzo de 2013

La dificultad de reconocerse alcohólico.

     En la casi totalidad de ocasiones, las personas que acuden a la Asociación solicitando ayuda o información, no son capaces de poner nombre a la grave enfermedad que padecen, a pesar de los evidentes síntomas que presentan. Dirán, en el mejor de los casos, que beben mucho, que la familia le ha pedido que viniera a informarse, que ha pasado por su centro de salud y le han dado la dirección o el teléfono de nuestra Asociación, etc.


     Pues bien, esta grave enfermedad que padece se llama alcoholismo y consiste en una dependencia física y psíquica a una sustancia llamada alcohol.


     En la recepción que hacemos de las personas que nos visitan solicitando ayuda, nos presentamos como enfermos alcohólicos rehabilitados o enfermos alcohólicos en abstinencia, lo que seguramente por primera vez haga que la persona se enfrente a esta palabra "maldita" pronunciada por una persona que no se avergüenza de reconocer su enfermedad y ponerle nombre.

     Una vez trascurrido cierto tiempo en terapia, comienza a asimilar la enfermedad que padece, al encontrarse con personas que como él, tiene unos síntomas comunes y comunes con el resto de enfermos alcohólicos. Poco a poco asimila la palabra "alcohólico" con enfermedad, en lugar de hacerlo como la mayoría de aquellas personas que desconoce lo que es el alcoholismo, que lo relacionan con personas viciosas, degeneradas, sinvergüenzas, vagos, egoístas... y en el caso de la mujer alcohólica lo relacionan con cosas aún peores.

     Así, más pronto que tarde, descubrirá que es una persona enferma, adicta a una sustancia llamada alcohol, y que es posible recuperar la salud mediante la abstinencia, que la abstinencia le proporciona salud física y mental a él, a su familia y a su entorno. A partir de ese momento la tarea del enfermo alcohólico no será otra que la de mantener su abstinencia sobre todas las cosas puesto que sin ella volveremos a enfermar y haremos enfermar a los demás. Debemos aprender a vivir sin alcohol.

     Y como dice nuestro compañero y amigo Juan (el de más edad en nuestra Asociación), La abstinencia hay que mimarla.







domingo, 13 de enero de 2013

Dependencias: La importancia de no olvidar.

 


     En una terapia que hice varios años en rehabilitación cardíaca, salió el tema del tabaquismo como factor de riesgo en enfermedades coronarias. Se nos preguntó cuántos de los que estábamos allí fumábamos y la respuesta fue unánime, pues ninguno de los allí presentes fumaba, Todos habían dejado de lado a ese mal compañero de viaje.

     Recuerdo esto, pues a pesar de haber dejado de fumar (la mayoría muy recientemente) como consecuencia de una grave enfermedad cardíaca, al irnos preguntando el psicólogo sobre nuestra relación en aquel momento con el tabaco, la inmensa mayoría respondía que eso ya era una relación del pasado, que no sentían deseos de fumar, que no se acordaban para nada del tabaco y otras frases similares que indicaban como que los que allí estábamos  no hubiéramos fumado en toda la vida.


     Digo esto porque a pesar de toda la palabrería que indicaba que la adicción al tabaco estaba totalmente superada, es bien cierto que la estadística dice lo contrario y que entre un 60 y un 70 por ciento (creo recordar) de los que decían que tenían por superada su adicción al tabaco, al cabo de un año volverían a fumar.

     A mí cuando se me preguntó, a pesar de llevar siete años alejado del tabaco, comenté que no se me había olvidado, que mantenía el recuerdo de la adicción, justamente para no olvidarme del daño que me había provocado y aunque ya no lo sentía como una necesidad, recordaba los momentos en que había estado hospitalizado como consecuencia (si no la única, sí la más importante junto con el alcohol) de su consumo.

     Lo mismo nos debe ocurrir con el alcohol. No es conveniente, una vez que hemos logrado superar la adicción, olvidarnos que esta enfermedad está ahí, que la botella está y estará allá donde vallamos y que por ese motivo debemos recordar lo que somos y el daño que el alcohol ha hecho en nuestras vidas y en las vidas de nuestras familias y gentes que nos rodea. Es importante recordar que somos alcohólicos para estar siempre alerta, con la atención puesta en nuestra abstinencia, pues ella debe ser nuestra prioridad desde el momento que hemos puesto en marcha nuestro mecanismo de defensa contra el alcohol.

     La mayoría de las recaídas en la adicción alcohólica suele ser consecuencia de este olvido, una vez superado el miedo, la enfermedad, el abandono familiar o cualquier otra circunstancia que nos llevó a dejar la bebida, olvidamos y pensamos que ahora ya podremos volver a tomar alguna copa, pero con cuidado, sólo tomando una o dos (y ahí es cuando el alcohol no agarra otra vez, pues como he repetido en numerosas ocasiones los bebedores alcohólicos no somos capaces de controlar el alcohol y rápidamente pasamos de tomar una o dos a repetir los mismos patrones de consumo).

     Resumiendo. Seamos conscientes de que somos enfermos alcohólicos y que por lo tanto hemos perdido la capacidad de control que los bebedores sociales sí son capaces de ejercer. No olvidemos que a nosotros, bebedores alcohólicos nos hace daño la primera copa, pues es la puerta de entrada para las grandes ingestas debido a esa falta de control.  

domingo, 4 de noviembre de 2012

Recaídas.

     El logro de haber dejado el uso de bebidas alcohólicas por parte del enfermo, puede verse interrumpida por las recaídas, que implica el retorno al hábito de beber.

     Primeramente debemos diferenciar entre lo que es una recaída propiamente dicha de lo que es un pinchazo, desliz o tropiezo. En el primer caso el alcohólico abstemio durante al menos por un mes, hace tres o cuatro consumiciones durante un plazo de tres o más días; mientras consideramos un pinchazo a la ingesta ocasional y aislada, motivada por factores coyunturales.

     El mayor riesgo de recaídas incide durante los tres primeros meses desde que el alcohólico se aleja del consumo de bebidas alcohólicas.


     Las recaídas han de afrontarse como una parte más de la terapia, dándole y tratándola con toda la seriedad que sin duda tiene, puesto que no en pocas ocasiones, esta lleva al enfermo alcohólico a un estado de más gravedad que el inicial, incluso hay recaídas de las que el enfermo jamás se recupera. De tal forma debemos considerarlas como un serio aviso que algo no ha funcionado bien y que debemos averiguar qué factores han sido los desencadenantes para que se haya producido la recaída y  para que estos en el futuro puedan ser reforzados.


     El enfermo debe estar percatado de los riesgos que ciertas situaciones ejercen sobre la abstinencia a fin de poder evitarlas o en su caso afrontarlas con cierta garantía de éxito, desde el conocimiento y experiencias de compañeros de terapia.

     Los factores de riesgo mas hábituales, por lo que debemos conocer serían:

    -    Factores médicos: Son los originados por la supresión precoz del tratamiento; o bien que este sea inadecuado o inexistente y la aprobación de ingerir bebidas sin alcohol.

  -  Factores internos: Principalmente la desmotivación para mantener la abstinencia, la incidencia de un proceso depresivo, la relajación y olvido de los sentimientos que nos llevó a la abstinencia... También en algunas ocasiones como medio de chantaje a personas próximas o buscando la obtención de algún tipo de prestación social (pensión, incapacidad, minusvalía, etc.)

   -   Factores externos: El más frecuente está relacionado con un disgusto familiar, aunque también una frustración o una emoción social positiva (celebración) o negativa suelen estar presentes en este tipo de factores de presión ambiental para volver a consumir alcohol.

    -    Factores múltiples: En ocasiones se dan la circunstancias de varios factores que concurren para que el enfermo alcohólico vuelva a beber.

     

Patología Dual.



     En algunas ocasiones, durante las terapias, ha salido esta expresión y en no pocas ocasiones la gente desconoce lo que viene a significar.

     Hablamos de patología dual en aquellos casos es los que se asocian al menos una enfermedad mental a por lo menos una adicción (ejemplo: Depresión junto al consumo de alcohol y cocaína).

     Este nexo se da un una proporción bastante alta de consumidores de sustancias adictivas, principalmente la cocaína y el alcohol (62,7 % y 61,2 % respectivamente), siendo los trastornos mentales más frecuentes los de personalidad, el riesgo de suicidio y maniaco-depresivos.


     El patrón estándar sería el de un hombre de unos 37 años, soltero y con estudios primarios que conviven con sus padres y laboralmente activos.

     No se puede plantear el dilema si se llega a ser adicto a una sustancia por padecer algún trastorno psiquiátrico o viceversa, puesto que las drogas causan problemas mentales y también los problemas mentales llevan a las adicciones. Podríamos decir que son dos enfermedades en una sola, que haría necesaria la intervención conjunta de especialistas en salud mental y en drogodependencias.

     Según calcula la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el año 2.020, el 75 % de los enfermos mentales crónicos, padecerán además de algún problema de adicción

viernes, 12 de octubre de 2012

Petición de ayuda.


 Sólo  tú  puedes  dejarlo               


  Pero  tú  solo  no  puedes.



  Cerca de ti hay un centro de rehabilitación.

                     No  esperes más.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Fases del alcoholismo. III


     

     En la fase crónica de la enfermedad se va adquiriendo la necesidad, cada vez más apremiante, de tomar alcohol como método de mitigar su malestar físico y mental. El modo de consumo es más por necesidad que por otra causa.

     La ingestión de alcohol durante esta etapa la hace de forma continua, llevando al enfermo a un estado de  (31) embriaguez prolongada, aumentando el deterioro mental, familiar, laboral, económico,  de salud, etc., lo que provocará en él un aumento de la ingestl tratando de aminorar esa pesadumbre.

     En esta espiral de consumo y sufrimiento, la persona alcohólica se abandona a sí misma, intenta olvidarse de todo, de la miseria en la que vive, de la decadencia en la que está sumido, e incluso hará de todo por conseguir un nuevo trago. El alcohol lo ha sumido en un profundo (32) deterioro ético marcado.

     Después de tantos años de ingesta alcohólica, el sistema neuronal se ha ido destruyendo, sin posibilidad de regeneración, lo que provocará una (33) disminución de las capacidades mentales, en la que su memoria, su capacidad de concentración y atención, su raciocinio y en definitiva, su juicio se vaya perdiendo.

     El individuo experimenta un distanciamiento de la realidad, producto de una (34)  psicosis alcohólica que se definirá en una patología dependiendo del tipo de psicosis, que le arrastrarán a la demencia:

          -  Psicosis alcohólica  que  se originan debido  al  uso excesivo del alcohol, aunque es la personalidad     del bebedor la que determina este tipo de psicosis.

           -  Intoxicación alcohólica es  una  forma simple de psicosis en la que el enfermo alcohólico  puede o  no caer.  Su  duración puede durar entre unos pocos minutos y las 24 h. y  puede  ser atendida  de manera ambulatoria. 

          -   Delirium Tremens es la psicosis más conocida  y suele aparece como consecuencia de haber dejado de beber en aquellos casos en  los que el   enfermo   ha   alcanzado  un  altísimo  nivel  de consumo.    Se manifiesta en forma de ilusiones y alucinaciones.  Su  duración oscila entre los 3 y 10 días y sin un tratamiento hospitalario adecuado, puede llegar a provocar el fallecimiento del sujeto que lo sufre.

          -   Síndrome o psicosis de Korsakof afecta  al  sistema nervioso en la que en el individuo se producen perdidas de la memoria cercana. La duración suele ser de entre las 6 y 8 semanas  y  salvo reincidencias,  la recuperación es completa.

          -   Alucinosis aguda se presenta como un cuadro de esquizofrenia con síntomas igual al delirium tremens , aunque  intesificados,  puesto que las alucinaciones  son  más  claras  y  terribles,  provocando en los enfermos  unas  sensaciones  de  auténtico  terror.  Su  duración  oscila  entre unos días hasta un mes.

          -   Paranoia alcohólica   de  origen   sicológico,  empieza   con  un  delirio  de  celos  y  se caracteriza por  encontrarle  defectos  a todo. En muchos  de  los  casos  este  tipo  de psicosis  hará  del enfermo  asiduos internamientos en hospitales psiquiátricos.

          -   Psicosis depresiva que es una variante de la psicosis maníaco-depresiva, donde  el  enfermo  cae en una profunda tristeza que puede durar meses y años. En casos de reincidencia puede desarrollar hacia una cronificación de la psicosis.

          -   Pseudoparálisis alcohólica,  producida  por  el  deterioro  de las fibras  alcohólicas  la  persona enferma puede  quedar recluido en una silla de ruedas. Presenta ilusiones y alucinaciones con claros síntomas de delirios de grandeza. La recuperación puede ser completa, pero ante continuas recaidas al paiente le van quedando secuelas irreparables. 

               -     Psicosis   delirante   crónica,    en  donde  las  características   del   delirium  tremens  se   presentan  en  un  principio,   pero  que  se  irán  acentuando las alucinaciones auditivas, oyendo el enfermo voces por todos  los  lados,  que le amenazan,  les llaman  e incluso les piden que tomen  alcohol  para   sentirse bien.   Esta  psicosis  puede  llegar  a ser crónica    por  lo  que   el   enfermo  quedará  recluido  en  un  hospital  psiquiátrico de por vida.


sábado, 9 de junio de 2012

Factores de riesgo.



     El principal factor de riesgo: La presencia de las drogas en el entorno,  o lo que es lo mismo, su accesibilidad, su visibilidad y su disponibilidad. Sabido es que cuanto más fácil resulta conseguir una droga, más aumenta su consumo, lo que explica que el consumo de drogas legales sea mayor que el de las drogas ilegales.

     Parte de las iniciativas en la prevención van dirigidas a limitar esta disponibilidad en las sustancias legales (alcohol y tabaco) reduciendo los espacios de exhibición y consumo, aumento de impuestos y elevar el límite de edad para poder adquirirlos y en las drogas ilegales con acciones policiales y judiciales encaminadas a la incautación de toda sustancia ilegal y la detención de los suministradores y distribuidores de estas.

     Otro factor de riesgo, es la existencia de un entorno social donde del tráfico de drogas sea visible, lo que facilita el acceso a menores a la sustancia, para lo cual desde la Secretaría de Estado de Seguridad contando con la colaboración de los responsables de los centros educativos, asociaciones de padres de alumnos y centros de ocio, se ha puesto en marcha planes destinados a reducir el tráfico minorista y el consumo de drogas en centros educativos y de recreo.

     La actitud de la sociedad hacia las drogas es un factor determinante, puesto que la aceptación o no del consumo de ciertas sustancias es un importante factor de riesgo. Si el consumo es visto como "aceptable" se estará dando la sensación que se trata de algo inocuo, mientras que si la sociedad no lo ve "con buenos ojos", se estará trasmitiendo la opinión que aquello es malo y perjudicial para nuestra salud.

     La pérdida de ciertos valores en la sociedad actual y la aceptación de otros como "vivir a tope", búsqueda de nuevas sensaciones, creernos inmortales y que nunca no nos va a pasar nada, hace que se tomen riesgos que nos lleva a querer probar de todo sin mirar las consecuencias de nuestros actos más allá del día presente.


     El entorno familiares un elemento muy determinante en el posible consumo de drogas por parte de los hijos, pues el joven que vive en un hogar donde se está consumiendo algún tipo de droga, está conviviendo en unas condiciones generalmente de familia desestructurada, con situaciones conflictivas y donde no se le presta la debida atención a las necesidades del niño y adolescente.

     Por último, la etapa de la adolescencia, donde el joven trata de encontrar un lugar en la sociedad y encontrarse como persona, le hace querer experimentar cosas nuevas, de integrarse en el grupo; y la falta de habilidades para decir ¡NO! a las presiones de los amigos, son algunos de los factores que favorecen el experimentar con este tipo de sustancia. También el acceso fácil al dinero y la ausencia de normas y disciplina son factores de riesgo.




domingo, 27 de mayo de 2012

Otras drogas de síntesis. III


    
         
     La fenciclidina, más conocida como polvo de ángel o PCP, es una droga disociativa que fue creada y utilizada en la década de los 50 como agente anestésico y que su uso se vería abandonado rápidamente al detectarse efectos secundarios indeseados en los pacientes.


     A pesar que los efectos psicoactivos primarios de esta sustancia son muy cortos (aproximadamente una hora), la eliminación total de nuestro organismo es mucho más lenta, hasta varias semanas.

     La presentación de esta sustancia es muy variada, partiendo de un polvo blanco y cristalino de fácil disolución, al que se le añaden productos para cambiar color y presencia, hacen que pueda ser tomado vía oral, inhalado o fumado.

     Esta droga afecta el funcionamiento cerebral, bloqueando la capacidad de concentración y de pensamiento lógico, alterando la percepción, pensamientos y estado de ánimo. Sus efectos son muy variados y van desde la toma de una dosis moderada a pequeña que puede provocar una sensación de distanciamiento y separación de su entorno, entumecimiento, habla dificultosa y pérdida de coordinación, pasando por sensación de fuerza e invulnerabilidad. El aumento de la cantidad puede provocar un descenso en la presión arterial, disminución de la frecuencia cardíaca y respiratoria, acompañado de náuseas, visión borrosa, pérdida del equilibrio, etc. llegando incluso a dosis más altas a provocar convulsiones, coma y la muerte.

     Su consumo habitual produce trastornos emocionales, pérdida de memoria, dificultad para hablar y pensar, síntomas depresivos y pérdida de peso, aún un año después de haber dejado de consumir.


domingo, 13 de mayo de 2012

Drogas de síntesis: Éxtasis.

     Es la más popular de las drogas de síntesis, conocida como MDMA, Adan, XTC, X, E, pastis, pirulas..., se trata de la 3,4-metilendioximetranfetamina, químicamente similar a la metanfetamina (estimulante) y a la mescalina (alucinógeno), aunque no en sus efectos (la suma de ambas).

     Su presentación se hace en distintas formas: en pastillas, polvo y líquido, por lo que su forma de consumo generalmente es vía oral, aunque también puede consumirse de forma inhalada, fumada o inyectada. Su composición viene a contener una media de entre 60 y 120 miligramos de MDMA y suelen llevar un dibujo o inscripción y colores llamativos.

     En los últimos años se está comprobando como el éxtasis viene con una presentación distinta, en forma de cristal, sustituyendo paulatinamente a las pastillas, facilitando así, la producción y comercialización y también su adulteración.


     De vital importancia es conocer que cuando se consume éxtasis no se puede consumir alcohol, puesto que de hacerlo puede provocar un cuadro conocido como "golpe de calor", con alto riesgo de deshidratación (taquicardia, mareos, vómitos, calambres, nerviosismo, paranoia...), por lo que en caso de consumo de éxtasis se recomienda tomar sólo agua.

     Como consecuencia de su consumo, tras pasar los efectos de la droga, nos dejará insomnio, agotamiento, depresión, dolores musculares y de cabeza






jueves, 10 de mayo de 2012

Heroína. Riesgos y consecuencias.

     La heroína es una de las drogas más adictivas debido a que al principio sus efectos son muy placenteros, lo que propicia un consumo continuado y repetido, provocando rápidamente tolerancia, por lo que para conseguir el mismo efecto deberemos ir aumentando las dosis.

     Curiosamente, si en un principio se consume la sustancia para producir bienestar, al cabo del tiempo la heroína pierde la capacidad de proporcionar ese estado placentero por lo que el consumidor la seguirá tomando como medio de aliviar el malestar que le produce la ausencia de los efectos de la heroína. 

     Su consumo mayoritariamente se hace por vía endovenosa, esnifada y fumada.


     Sus efectos a largo plazo, cuando ya se ha desarrollado la tolerancia y dependencia provoca la aparición de enfermedades infecciosas (VIH, hepatitis), digestivas y de nutrición (estreñimiento, desajustes alimentarios), trastornos en el sistema nervioso (falta de atención, memoria, sueño), alteraciones cardiovasculares (anemia, venas colapsadas), etc. 

     Mentalmente, la vida del adicto gira en la obtención y consumo de la heroína, perdiendo todo interés por su  entorno: familia, amigos, compañeros de trabajo... e incluso por ellos mismos.

     La supresión del consumo, provoca el síndrome de abstinencia, apareciendo aproximadamente a las ocho horas tras el último consumo. Se inicia con ansiedad, intento de conseguir una dosis, sudoración, agresividad, escalofríos, temblores, dolores articulares. Este profundo malestar viene a durar entre 36 y 72 horas, aunque puede llegar hasta los 10 días.



Heroína. Efectos en el organismo.

     El consumo de heroína actúa sobre nuestro "sistema opioide", que es el encargado de regular procesos físicos y psíquicos relacionados con el placer, satisfacción, control del dolor y con las funciones respiratorias y cardiovasculares, lo que provoca que se vea modificado, proporcionando una sensación de placer muy intensa y un estado de calma total, euforia y con ausencia de malestar psíquico. Estos efectos vienen a durar aproximadamente entre 2 y 3 horas.
   
     A nivel físico, se percibe acaloramiento, con sequedad de boca, supresión del dolor, náuseas, ofuscación mental y ralentización del ritmo respiratorio, entre otras.



sábado, 28 de abril de 2012

Cocaína. Situaciones de especial riesgo.

     Cualquier consumo por mínimo que sea este, supone un riesgo para la salud física y mental del consumidor, más aún en las siguientes situaciones:

.    Policonsumo: La mezcla de cocaína con otras sustancias tóxicas hace que los riesgos se acentúen, máxime cuando esta se combina con el alcohol.
.    Adolescencia: Cuanto más joven es la persona que se inicia en su consumo, mayor es el riesgo de generar dependencia.
.   Embarazo: La cocaína atraviesa la placenta, por lo que afecta directamente al embrión y provoca en él, daños en su desarrollo o bien provocar su muerte o daños cerebrales irreversibles, puede provocar el parto de forma prematura aumentando también el riesgo de aborto espontáneo.
.   Consumo recreativo: La mayoría de los adictos a la cocaína, la relacionaban como una droga recreativa, poco peligrosa, y hasta inocua, empezando su consumo en fines de semana como diversión y una manera de relacionarse.
.    Genética: El llegar a la adicción, aparte de su forma y cantidad de consumo, está relacionada con factores genéticos, puesto que hay individuos más propensos que otros a sufrir dependencia. 

Cocaína y alcohol. Mezclar cocaína y alcohol no sólo es más tóxico que tomar ambas sustancias por separado, pues el organismo las convierte en etileno de cocaína cuyo efecto es más duradero y tóxico. Recientemente se ha descubierto que los bebedores de riesgo (varones que consumen más de cuatro cañas diarias y las mujeres que beben más de dos) se exponen a un riesgo 3,8 veces mayor de convertirse dependientes de una y otra sustancia o de las dos.       



domingo, 22 de abril de 2012

Cocaína. Efectos en el organismo.


     Dependiendo de la forma de tomarla y de la respuesta del consumidor, los efectos varían y pueden ser físicos y psicológicos, y aparecen de forma inmediata.

     Cuando tomamos cocaína, esta entra desde el torrente sanguíneo al SNC, y provoca mediante el neurotrasmisor (dopamina) una sensación de recompensa-placer, induciendo cambios emocionales, de excitación motora con un aumento de actividad, aumento pasajero de la capacidad de atención y concentración, aumento de la frecuencia cardíaca y respiratoria, disminución del apetito y la fatiga, dilatación de las pupilas, sentimientos de euforia.
                                                                                                                                                                                                                                             
     Con el aumento del uso de la cocaína, el cerebro ira perdiendo su habilidad de producir dopamina, por lo que todos estos efectos  placenteros que se producían tras el consumo de la cocaína, ya no serán tales pues entonces causarán sentimientos depresivos.


     Como hemos dicho, esta sustancia es fuertemente adictiva, por lo que su consumo a medio plazo y aún en pequeñas dosis (aunque no sea a diario) provoca adicción.


     A medio-largo plazo su consumo conduce a problemas físicos y psicológicos además de los adictivos. Su consumo al hacerse habitual afecta el funcionamiento cerebral y puede provocar trastornos psíquicos como ideas paranoides (de persecución, de grandeza...) o depresión, y desencadenar cuadros de psicosis y esquizofrenia. El daño se hace extensible al sistema circulatorio y respiratorio con complicaciones neurológicas y gastrointestinales (náuseas, pérdida de peso, hemorragias cerebrales, infartos de miocardio, trombosis cerebral, disminución de la función sexual...).