domingo, 27 de enero de 2013

Testimonio de una mujer alcohólica. IV



  1. MI IDENTIFICACIÓN COMO ALCOHÓLICA.
¿Cuáles son los síntomas que se comenzaron a manifestar en mí, como mujer alcohólica?.

En ocasiones de lucidez mental era consciente  del peligro que me acechaba, de determinados indicios de adicción al alcohol: lo que comenzó como una válvula de escape a la tristeza, se convirtió en una tortura y una dependencia absoluta hasta el punto de que abandonarme inconscientemente en unas rutinas que avanzaban como una apisonadora.

A)    Comenzaba a beber por la mañana, antes de comenzar la jornada laboral, convencida de que algo, poco, de alcohol, contrarrestaba los efectos de algún exceso del día anterior, y me ayudaría a sobrellevar la carga de otro día más de aburrida y anodina existencia.

B)     Bebía a solas en la clandestinidad, de manera compulsiva y/o incontrolada (aunque esta falta de control sea sólo en diversas ocasiones) y siempre en soledad. La verdad es que muchas mujeres recurren al alcohol para olvidar sus problemas, para tratar de sentirse mejor, para olvidar la soledad física y emocional que viven. Algunas beben solas, casi como prisioneras en su propia casa; otras beben en grupos con hombres como una forma de rebelarse ante la imagen tradicional de las mujeres. Pero llega un momento en que el alcohol, lejos de ser su remedio se convierte en su veneno y su condena.

Y bebía inicialmente, por lo menos una copa diaria. La frecuencia de consumo diaria se aproximaba cada vez más y difícilmente lograba discernir en qué momento no había consumido alcohol. No soportaba más de una hora sin entregarme a la sedación del alma. En la última y más terrible fase de la enfermedad, cada trago de ginebra rasgaba mi garganta, me ardía el esófago, ya no era consciente de que no me gustaba el sabor de la ginebra, sino que tan solo buscaba sus efectos.

Inicialmente, controlaba las dosis y las pautas de consumo (esporádicamente y consumiendo cerveza o vino en un vaso, alcohol de baja graduación), era consciente de que bebía alcohol para conseguir ese “punto” en el que encuentras consuelo, suficiente para no olvidar que tenía un hijo pequeño que requería de mi atención.

Llegaba del trabajo, tras hacer la compra (un trago), me ocupaba de mi hijo (otro trago), siempre había que realizar tareas domésticas (otro trago más), cuando no me llevaba trabajo a casa (otro más): el alcohol me ayudaba a desinhibirme.

Pero cuanto mayor y más profunda se convertía mi soledad, las pautas de consumo comenzaron a adquirir niveles más elevados, y ya no era consciente ni de la cantidad, ni del peligro, ni de las consecuencias. Obtener el placer de la relajación cada vez era más inaccesible, necesitaba más cantidad para que mi cuerpo y alma se sintieran satisfechos.


El alcohol me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno, ocultando así mis propias emociones, cegando mi espíritu y dejándome llevar por la galerna del mal entendido placer, creyendo así desahogar el ahogo de ahogarme en ese maléfico néctar con el fin de olvidar. Pero con el tiempo, mi amante me exigía cada vez más tolerancia y me traicionó.

El único testigo silencioso era mi hijo, entre los 10-11 años hasta su adolescencia, se encerraba en su cuarto para estudiar y en silencio observaba cómo su madre se convertía en un despojo. Nunca le abandoné, jamás desatendí mi compromiso como madre, le bañaba, le daba la cena, le acunaba, le arropaba, rezábamos nuestras oraciones juntos, pero para entonces, al anochecer, yo me encontraba altamente intoxicada y sólo con el deseo de acostarme y dejarme abrazar por el sueño de Morfeo. DORMIR  SE ACABÓ CONVIRTIENDO EN UNA PESADILLA, EN UNA OBSESIÓN, CON LOS OJOS CERRADOS, HUNDIDA EN EL ABISMO, NADA EXISTÍA: NI SOLEDAD, NI PROBLEMAS, NI JEFE QUE TE PRESIONARA.

PARA ÉL, MAMÁ ESTABA MALITA, NO ENTENDÍA QUÉ ME OCURRÍA, ESTABA “RARA”. JAMÁS ME PERDONARÉ HABERME PERDIDO SU CONEXIÓN DURANTE ESA ETAPA DE MI ALCOHOLISMO. NO LA PUEDO RECUPERAR.

AHORA DISFRUTO DE SU CONVIVENCIA EN LA ETAPA DE LA ADOLESCENCIA, COMPARTIENDO OTRAS CIRCUNSTANCIAS Y SITUACIONES. 

En algún momento que no recuerdo, en un punto de inflexión, ya no resistía tanto como antes, los efectos de la bebida.

Ya no se trataba de la dependencia psicológica, sino de la tan temida y devastadora dependencia física: la absoluta necesidad de beber, porque si no lo hacía mis manos se convertían en un manojo de nervios.


Testimonio de una mujer alcohólica III


  1. ALCOHOLISMO FEMENINO. SOY MUJER ALCOHÓLICA.

   

El alcoholismo en las mujeres parte de unos cánones diferentes al alcoholismo en los varones, desde el punto de vista fisiológico (como patología adictiva) y social (cómo encaja la mujer alcohólica en la sociedad, para quien la sociedad es mucho menos permisiva que en el caso de los hombres).






A)    La mujer es mucho más sensible a la intoxicación alcohólica, por los factores hormonales y de tolerancia, con menores dosis de alcohol y tiempos de intoxicación más cortos presentará las mismas complicaciones de salud física y mental que los hombres.

Tradicionalmente el hombre ha consumido alcohol en más cantidad y de mayor graduación que la mujer, motivado en parte por la función maternal que esta tiene y por un código de moral más rígido que ha logrado reducir el consumo en el sexo femenino, al menos hasta hace relativamente pocos años, pues el alcoholismo femenino ha ido en aumento, como lo ha hecho el consumo, motivado principalmente por la liberación de los tabúes y frenos sociales, por la mayor libertad individual de la mujer y su incorporación a la vida laboral y profesional, lo que les proporciona una mayor independencia.

B)     La edad de comienzo del consumo abusivo del alcohol en la mujer está entre los 30-40 años y a diferencia con los varones, desarrolla la enfermedad después de contraer matrimonio o de una unión sentimental.

                En el comienzo más tardío en la mujer alcohólica, interviene el aprendizaje como método de cambiar su mundo íntimo (baja autoestima, preocupación excesiva por no estar a la altura de asumir un papel en la sociedad, el nivel de responsabilidad y autoexigencia en el mundo profesional, como esposa y como madre,....) por lo que su forma de beber la canaliza desde el secretismo y la clandestinidad. La mujer alcohólica comienza a utilizar el alcohol para hacer frente a los sentimientos de depresión, acelerando su ingestión de forma progresiva.

Aunque mujeres y hombres alcohólicos tienen obviamente muchas cosas en común, se han descubierto ciertas diferencias de género. Las mujeres empiezan a beber y tienen su primer episodio de intoxicación más tarde que los hombres. Además, es más probable que la mujer alcohólica beba en casa y sola, mientras que los varones alcohólicos suelen hacerlo en ambientes sociales.

C)     La mujer tolera peor que el hombre el alcohol, lo que por un lado le puede reportar un beneficio protector contra el consumo abusivo. Y que lo tolere peor se debe principalmente a una peor metabolización que en el  hombre y a la mayor presencia de tejido graso en su organismo que provoca un mayor efecto del alcohol, llegando a paralizar el correcto funcionamiento del hígado, excesivamente graso y ya disfuncional.

D)    Otra de las características habituales del alcoholismo femenino es su ocultismo, fruto en muchas ocasiones de un gran sentimiento de culpa. Yo bebía en soledad, cuando nadie me vigilaba, cuando los problemas me cubrían como un fantasma: mi nivel de perfeccionismo y de autoexigencia como mujer trabajadora, como madre, fundamentalmente, tenía un nivel de corte exageradamente elevado para lo que realmente podía asumir, me desbordaba y comencé a sentirme seducida por la alternativa del alcohol. Lograba desinhibirme.

                En definitiva, la situación de las mujeres alcohólicas es diferente a la de los hombres, porque que un hombre sea un “borracho” es criticable, pero cuando una mujer admite que es alcohólica, la gente la condena de entrada quedando estigmatizada. No se la mide con la misma vara que al hombre. Para un hombre, beber es “macho”. Para una mujer, beber la convierte en una “mujer desnaturalizada”. 

Testimonio de una mujer alcohólica. II


  1. QUE ES EL ALCOHOL
El alcohol es una sustancia a la que nuestro organismo es especialmente vulnerable y sensible. Se absorbe muy rápido en cuento llega al estómago y en pocos segundos llega al cerebro donde “depolariza” las neuronas, es decir, desencadena una sensación de sedación y desinhibición además de euforia.

  1. ¿QUIÉN ES ALCOHÓLICO?
Sabemos que, como enfermos alcohólicos  no podemos beber con moderación. Nuestro patrón de bebida es incontrolado y, normalmente, compulsivo, yo consumía compulsivamente. En alguna ocasión sí podemos beber sólo una copa, pero no podemos predecir lo que tras esa copa se puede desencadenar. Las consecuencias negativas no frenarán nuestra necesidad de tomar otra copa, porque desarrollamos una dependencia física: yo ya no bebía por placer, sino por necesidad.

Hay que entender que el alcohol es moderadamente adictivo para la persona media pero fuertemente adictiva para el alcohólico. Tan sólo un trago de alcohol hace que el alcohólico recaiga y vuelva al patrón de bebida. Hay adicciones claramente autodestructivas como el alcoholismo o la drogadicción con una serie de secuelas asociadas que terminan por afectar la vida personal y social del individuo.

  1. ¿POR QUÉ YO? ¿POR QUÉ ALGUNAS PERSONAS SE VUELVEN ALCOHÓLICAS?.
Es la sempiterna pregunta que nos formulamos todos los alcohólicos a lo largo de nuestra existencia, ¿por qué yo soy alcohólico?.

La pregunta nos la formulamos de manera especialmente insistente cuando  la enfermedad se encuentra en una fase muy avanzada y no encontrar respuesta nos devora.

Ciertamente existe un componente genético, es decir que los hijos o nietos de personas que han abusado del alcohol padecen mayor probabilidad de padecer ellos también tal adicción. Pero nadie de mi familia ha sido o es alcohólico y sin embargo yo lo soy.

Por supuesto que los seres humanos no somos tan solo “genética” ya que los factores ambientales (marginación social, familias desestructuradas,...) y educativos también nos condicionarán desde pequeños, si desde la infancia hemos convivido con el alcohol en la mesa aunque fuera a la hora de la comida: está socialmente aceptado.

También existe un componente altamente de predisposición psicológica (baja autoestima, pesimismo, gran sentido de la responsabilidad, …): el alcoholismo va siempre de la mano de una profunda depresión. Por eso el tratamiento de recuperación también se aborda desde la salud mental.

Testimonio de una mujer alcohólica. I



TESTIMONIO DE UNA MUJER ALCOHÓLICA

  1. INTRODUCCIÓN.
Soy alcohólica, mujer y madre alcohólica, no borracha. Esto lo he dicho muchas veces, en cientos de terapias.

En primer lugar, el mensaje que pretendo transmitir es de esperanza, de futuro, de liberación para todos los que hemos padecido la enfermedad del alcoholismo. Porque si yo he conseguido salir del pozo a manotazos, tú también puedes: BASTA CON QUERER.

Afortunadamente me rescataron de ese infierno, ingresé en una clínica durante un tiempo para desintoxicarme, ahora sigo mi recuperación día a día, esto es una carrera de fondo, no de velocidad, y aunque sé que soy enferma alcohólica, he vuelto a tener unas enormes ganas de vivir. Con una lucha diaria por mantener la abstinencia, que ya no es tensa y agotadora como al principio, sino adaptada a la realidad que ahora vivo como alcohólica rehabilitada.

Sólo tengo que mirar atrás y ver el calvario en el que se convirtió mi vida, una tortura  que parecía una macabra broma del destino.

Si no fuera por el grupo de AVAR, por los médicos y terapeutas del CAD de CRUZ ROJA  de Moratalaz, por mi familia, todavía estaría sufriendo amargura, soledad y desesperanza. Yo sufrí e hice sufrir a otras personas.

Hoy por hoy, mi disciplina diaria es vivir sin el alcohol, porque el alcoholismo se puede tratar, pero NO se puede curar, el equilibrio  entre cuerpo y alma se logra aprendiendo a vivir sin él. La abstinencia del alcohol constituye la base del tratamiento.

Hace tres años y pocos meses que me separé del alcohol, mi compañero de risas eufóricas, llantos incontrolables, fatigas, episodios patéticos y viajes al borde del precipicio, pero aun así yo lo amaba, me daba todo lo que le pedía, me ayudaba a galopar desbocada huyendo del conocimiento de mis debilidades, sin preguntas, sin reproches, e invitándome una y otra vez a fundirnos en un solo ser y a beber los licores del infierno.

Él y yo solos, porque como casi todas las mujeres alcohólicas, yo consumía en soledad, no era una bebedora social.

Ponencia.


     Como todos los años, este también, desarrollamos dentro de nuestra Asociación unas jornadas informativas en la que intentamos llegar a más gente de forma directa, repartiendo publicidad, visitando colegios y asociaciones, dándonos a conocer dentro de nuestra zona de influencia. Entre las actividades que desarrollamos, una de ellas es la ponencia de un enfermo o familiar de enfermo alcohólico en donde el ponente detalla su testimonio en relación con el alcohol y expresa, lo mejor que puede, cual ha sido el daño que a él o ella le ha producido en todos los niveles (afectivo, familiar, social, laboral, salud, etc.).


     Este año la encargada a sido una compañera que no se rindió y traspasó la barrera que separa al alcohólico del alcohólico abstemio, siendo hoy en día una persona felizmente rehabilitada, dando ejemplo que de esta adicción se puede salir, que no es fácil pero que merece la pena.

     Yo, desde esta página agradezco y felicito a Magda por dar ejemplo de superación y coraje, por no haberse rendido a pesar de los momentos difíciles por los que hay que pasar para logar la abstinencia. También le doy las gracias por su ayuda con enfermos y enfermas que llegaron después de ella y a los que ayudó y ayuda y el apoyo que les brinda (sobre todo a las enfermas, que se ven muy reflejadas en ella).

domingo, 13 de enero de 2013

Dependencias: La importancia de no olvidar.

 


     En una terapia que hice varios años en rehabilitación cardíaca, salió el tema del tabaquismo como factor de riesgo en enfermedades coronarias. Se nos preguntó cuántos de los que estábamos allí fumábamos y la respuesta fue unánime, pues ninguno de los allí presentes fumaba, Todos habían dejado de lado a ese mal compañero de viaje.

     Recuerdo esto, pues a pesar de haber dejado de fumar (la mayoría muy recientemente) como consecuencia de una grave enfermedad cardíaca, al irnos preguntando el psicólogo sobre nuestra relación en aquel momento con el tabaco, la inmensa mayoría respondía que eso ya era una relación del pasado, que no sentían deseos de fumar, que no se acordaban para nada del tabaco y otras frases similares que indicaban como que los que allí estábamos  no hubiéramos fumado en toda la vida.


     Digo esto porque a pesar de toda la palabrería que indicaba que la adicción al tabaco estaba totalmente superada, es bien cierto que la estadística dice lo contrario y que entre un 60 y un 70 por ciento (creo recordar) de los que decían que tenían por superada su adicción al tabaco, al cabo de un año volverían a fumar.

     A mí cuando se me preguntó, a pesar de llevar siete años alejado del tabaco, comenté que no se me había olvidado, que mantenía el recuerdo de la adicción, justamente para no olvidarme del daño que me había provocado y aunque ya no lo sentía como una necesidad, recordaba los momentos en que había estado hospitalizado como consecuencia (si no la única, sí la más importante junto con el alcohol) de su consumo.

     Lo mismo nos debe ocurrir con el alcohol. No es conveniente, una vez que hemos logrado superar la adicción, olvidarnos que esta enfermedad está ahí, que la botella está y estará allá donde vallamos y que por ese motivo debemos recordar lo que somos y el daño que el alcohol ha hecho en nuestras vidas y en las vidas de nuestras familias y gentes que nos rodea. Es importante recordar que somos alcohólicos para estar siempre alerta, con la atención puesta en nuestra abstinencia, pues ella debe ser nuestra prioridad desde el momento que hemos puesto en marcha nuestro mecanismo de defensa contra el alcohol.

     La mayoría de las recaídas en la adicción alcohólica suele ser consecuencia de este olvido, una vez superado el miedo, la enfermedad, el abandono familiar o cualquier otra circunstancia que nos llevó a dejar la bebida, olvidamos y pensamos que ahora ya podremos volver a tomar alguna copa, pero con cuidado, sólo tomando una o dos (y ahí es cuando el alcohol no agarra otra vez, pues como he repetido en numerosas ocasiones los bebedores alcohólicos no somos capaces de controlar el alcohol y rápidamente pasamos de tomar una o dos a repetir los mismos patrones de consumo).

     Resumiendo. Seamos conscientes de que somos enfermos alcohólicos y que por lo tanto hemos perdido la capacidad de control que los bebedores sociales sí son capaces de ejercer. No olvidemos que a nosotros, bebedores alcohólicos nos hace daño la primera copa, pues es la puerta de entrada para las grandes ingestas debido a esa falta de control.  

Entrada en el 2.013 sin alcohol.


     Pasadas estas fiestas navideñas de la que espero que todos hayamos disfrutado en compañía de nuestra familia y seres queridos, es hora de enfrentarnos al nuevo año con ilusiones renovadas, desde la abstinencia.

     Es común cuando recién comenzamos el año el hacer nuevos propósitos con los que intentamos crecer como personas. Muchos de estos propósitos se refieren a mejorar nuestra salud, preocupándonos de hacer ejercicio, comer más sano, dejar de fumar; otros van dirigidos a mejorar el ambiente familiar y social, tales como dedicar más tiempo a nuestros hijos, prestar más atención a la pareja, salir a pasear con la familia, etc.
Así podríamos continuar exponiendo una larga lista de buenos propósitos (colaborar con los más desfavorecidos, aprender cosas nuevas, conducir con más prudencia, dedicar un tiempo diario a llamar a algún familiar o amigo, etc.).

     Para nosotros los enfermos alcohólicos todas estas listas de propósitos carecen de valor efectivo si no van acompañada de la abstinencia, puesto que sólo desde el prisma de estar sin beber podemos conseguir aquellas cosas que siendo realizables nos propongamos. Estando consumiendo es totalmente imposible el poder fijarnos una meta ni tan siquiera para el día de mañana, puesto que nuestra única obsesión será el poder consumir. La abstinencia prolongada nos permitirá ver el futuro con la calma y la serenidad necesaria para poder recuperar la ilusión por el mañana, por cambiarnos por alguien más grande con capacidad de amarse y amar a los demás, de cambiar su nula existencia por otra más floreciente. En definitiva por empezar a quererse y ser una mejor persona.

     Para todos aquellos a los que el alcohol les dejó huella, mis mejores deseos para alejarse de esa sustancia que nos atrapó y nos arruinó la existencia, puesto que cada día que pasa sin beber nos fortalece más y nos hace crecer más como individuos y personas. También mi ánimo a todos aquellos que se están planteando dejar de beber, pues de verdad que es posible abandonar la bebida y prueba de ello son todos aquellos que un día renunciaron a seguir destrozando su cuerpo y su alma con el alcohol. 

     Ánimo que se puede. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Alcohol y fiestas navideñas.



     Llegaron las fiestas de Navidad y con ellas las celebraciones y reuniones con familiares, compañeros de empresa y amigos, en donde las comidas, cenas, brindis, etc. suelen ser realizados con importantes ingestas de alcohol, por lo que aumenta el riesgo de una recaída para las personas que nos encontramos en un proceso de rehabilitación y este hecho nos va a suponer un esfuerzo extra para mantener nuestra abstinencia.

     Si usted es un bebedor social o bebedor moderado permítame recordarle que si en ningún caso es lógico pensar que para disfrutar y pasárselo bien se haga necesario beber hasta la embriaguez, en estas fiestas navideñas lo es menos, pues los riesgos en la conducción y el encontrarse con otro conductor ebrio son mayores. Se pueden mantener todos los rituales navideños sin hacer uso del alcohol, cambiando este  por otro tipo de bebida  sin alcohol.

     Y para todos aquellos que como yo, traspasamos el umbral de bebedor social a bebedor alcohólico y por lo tanto no debemos tomar contacto con nada que contenga alcohol (ni tan siquiera las bebidas sin alcohol que nos recuerden al consumo alcohólico -cerveza, mosto, licores sin…-), recordarles si cree que le va a resultar difícil mantenerse sin beber, la conveniencia de limitar o incluso evitar aquellas reuniones en las que consumir bebidas que contienen alcohol parece obligado.

     Si como enfermo alcohólico estás acudiendo a algún tipo de terapia para superar su adicción, durante estas fiestas se hace especial hincapié en reforzar la decisión de no reincidir en su adicción, proponiendo habilidades para saber resistir las tentaciones que en estos días se multiplican.

     Salud y mis mejores deseos para los que algún día decidieron dejar de beber y para aquellos otros que se lo están planteando, para aquellos que tienen un familiar enfermo, para los que trabajan por la recuperación.

      En definitiva: un FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Que hacer y que no ante un familiar alcohólico. Y II



     No le conceda demasiada importancia a sus celos infundados ya que son consecuencia de su enfermedad que le crea inseguridad y distanciamiento de la realidad.

     Es importante el no distanciarle de sus hijos. Haga de intermediaria explicándole que su padre/madre no fue así, que es la enfermedad la que le hace emplear esa conducta y que necesita la ayuda de todos los miembros de la familia para que vuelva a ser el buen padre/madre que un día fue.

     Cuente con toda la ayuda que logre acaparar en favor de su familia (médica, asistencial, social, psicológica, religiosa, familiar…), pues cuanta más ayuda obtenga más fácil le resultará empezar a encontrar soluciones.

     Sea firme y comprensivo/a al mismo tiempo como la mejor manera para el inicio de una recuperación y si ha iniciado un tratamiento habrá de apoyarle y reconocer los avances que se vayan produciendo. No desfallezca si durante el proceso tiene una recaída, pues se suelen producir en alguna ocasión y forma parte del proceso de recuperación.

     Ayuden  aportando factores positivos para su abstinencia y prevengan aquellos factores de riesgo que le permitan hacer más fácil y llevadera su abstinencia y recuperación.

     Todo lo pasado y aprendido durante el proceso alcohólico de su familiar les habrá provocado tensiones por lo que es deseable establecer una terapia familiar con algún profesional y con familiares de alcohólicos/as que como ustedes, han pasado por trances similares. 

     Es importante que la experiencia y el conocimiento sobre la enfermedad que han adquirido durante el largo tiempo de espera en la recuperación de su familiar les sirva para ayudar a otras familias que en ese momento estén pasando por donde ustedes han pasado, intentando apoyar desde la serenidad y el saber, que de esta enfermedad se puede salir y que si bien la tarea es ardua, los resultados merecen la pena.

Que hacer y que no ante un familiar alcohólico. I


    

     Al tratar con un familiar enfermo alcohólico, debemos seguir unas pautas para intentar que acepte su condición, pues si dejar de beber para él es una tarea muy ardua, sin el reconocimientos de su enfermedad es casi imposible.


     Primeramente hemos de ser nosotros mismos quienes reconozcamos que se trata de un enfermo y no de un vicioso. Y que se trata de un enfermo que se encuentra en esa situación no porque quiera, si no porque precisamente es su enfermedad la que le impide dejar de beber.

     Debemos ser perseverantes y no dejarnos desanimar por como se encuentra. No debemos perder la esperanza en su recuperación, ni tampoco culparse por no saber cómo actuar mejor.
De nada de van a servir las amenazas (máxime si no piensa cumplirlas), pues le fortalecerán  en su consumo sabiendo que no las va a cumplir.

     No recurra al sentimentalismo del tipo “si te importáramos dejarías de beber” para que abandone el consumo, pues muy a su pesar no deja de beber porque no puede, no porque no les quiera.

     El discutir de nada servirá porque si está ebrio no se enterará y pretenderá llevar él siempre la razón, y si se encuentra sobrio podría servirle de excusa para beber con más intensidad para intentar evadirse. Los familiares han de mostrarse serenos  y con la intención de poder ayudarle.

     Es absolutamente erróneo el intentar proteger al enfermo ante la bebida (retirar toda bebida alcohólica de casa, comunicar en los lugares que frecuenta para beber que no le administren alcohol, perseguirle, etc.) ya que de este modo su estado de ánimo se vería negativamente afectado y de seguro compraría la bebida en cualquier otro lugar donde le sea vendido. Tampoco es conveniente ni el atosigamiento ni la persecución (seguirle con la intención de verle entrar en un bar, intentar olerle el aliento, etc.
         
     No inicie usted la conversación sobre el tipo de consumo de alcohol que tiene. Si el familiar lo desea que lo inicie él, alentando aquellos avances positivos que veamos que ha logrado y sugiriendo aquellos otros en los que no estemos de acuerdo.

     Es un grave error el acompañarle a beber, pensando quizás que de este modo beberá menos, algo que no sucederá e incluso si empezaba a tener en mente el empezar a dejar de beber, conseguirá que ni se lo plantee.