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martes, 21 de enero de 2014

Nuevos medicamentos para facilitar la abstinencia.


     Se llama nalmefeno  ("Selincro", nombre  comercial) y ha sido autorizado por la Agencia Europea del Medicamento. Se trata del primer tratamiento para la reducción del consumo de alcohol en enfermos alcohólicos.

     A diferencia de los medicamentos actualmente utilizados en el tratamiento del alcoholismo, cuyo objetivo es la abstinencia completa, pues se tratan de revulsivos del alcohol, lo que hará que sintamos un profundo malestar nada más probar el alcohol, este nuevo medicamento, nos ofrece la posibilidad de tener más capacidad de control sobre el consumo, pues la satisfación que el enfermo tiene al ingerir su bebida es menor.


     ¿Quiere esto decir que el enfermo alcohólico dejará de serlo?. Evidentemente no, pues lo primero para reducir el consumo es que la persona quiera reducirlo y este nuevo fármaco le permitirá un proceso de transición menos traumático hacia la abstinencia, y atraer a las asociaciones de alcohólicos y demás centros de atención a personas en un principio reticentes al abandono de esta adicción, por la dificultad que encierra.

domingo, 13 de enero de 2013

Entrada en el 2.013 sin alcohol.


     Pasadas estas fiestas navideñas de la que espero que todos hayamos disfrutado en compañía de nuestra familia y seres queridos, es hora de enfrentarnos al nuevo año con ilusiones renovadas, desde la abstinencia.

     Es común cuando recién comenzamos el año el hacer nuevos propósitos con los que intentamos crecer como personas. Muchos de estos propósitos se refieren a mejorar nuestra salud, preocupándonos de hacer ejercicio, comer más sano, dejar de fumar; otros van dirigidos a mejorar el ambiente familiar y social, tales como dedicar más tiempo a nuestros hijos, prestar más atención a la pareja, salir a pasear con la familia, etc.
Así podríamos continuar exponiendo una larga lista de buenos propósitos (colaborar con los más desfavorecidos, aprender cosas nuevas, conducir con más prudencia, dedicar un tiempo diario a llamar a algún familiar o amigo, etc.).

     Para nosotros los enfermos alcohólicos todas estas listas de propósitos carecen de valor efectivo si no van acompañada de la abstinencia, puesto que sólo desde el prisma de estar sin beber podemos conseguir aquellas cosas que siendo realizables nos propongamos. Estando consumiendo es totalmente imposible el poder fijarnos una meta ni tan siquiera para el día de mañana, puesto que nuestra única obsesión será el poder consumir. La abstinencia prolongada nos permitirá ver el futuro con la calma y la serenidad necesaria para poder recuperar la ilusión por el mañana, por cambiarnos por alguien más grande con capacidad de amarse y amar a los demás, de cambiar su nula existencia por otra más floreciente. En definitiva por empezar a quererse y ser una mejor persona.

     Para todos aquellos a los que el alcohol les dejó huella, mis mejores deseos para alejarse de esa sustancia que nos atrapó y nos arruinó la existencia, puesto que cada día que pasa sin beber nos fortalece más y nos hace crecer más como individuos y personas. También mi ánimo a todos aquellos que se están planteando dejar de beber, pues de verdad que es posible abandonar la bebida y prueba de ello son todos aquellos que un día renunciaron a seguir destrozando su cuerpo y su alma con el alcohol. 

     Ánimo que se puede. 

domingo, 9 de septiembre de 2012

Los tres caminos donde nos conduce el alcoholismo.


     Desde la Asociación AVAR, venimos insistiendo que el alcoholismo  conduce a tres lugares: Cárcel, manicomio y cementerio, y tan solo es cuestión de tiempo en la ingesta para llegar a tan indeseables destinos.


     Y aunque a nadie le gusta hablar de la muerte, hoy traigo una cita del dr. D. Francisco Alonso-Fernández, en su libro (que no me canso de citar) "Los Secretos Del Alcoholismo".

     "La muerte llega a los alcohólicos crónicos por diversas vías: el cáncer;  el trastorno digestivo, sobre todo alteraciones hepáticas y pancreáticas y complicaciones del ulcus gastroduodenal (perforación y hemorragias); el trastorno cardiovascular, por miocardiopatía, hipertensión arterial, cardiopatía isquémica y muerte súbita; ciertas enfermedades orgánicas progresivas e irreversibles; carencias vitamínicas; complicaciones en las intervenciones quirúrgicas; accidentes laborales y de tráfico; muertes intencionales (homicidio, suicidio). De tan amplia y diversa relación se infiere que la vida de un alcohólico crónico se halla pendiente de un hilo, cuyo continuidad puede interrumpirse en cualquier momento a causa de la irrupción de una lesión orgánica letal".

     Y aunque la muerte nos ha de llegar a todos, es muy diferente la forma de morir. Con dignidad la una, sabiendo que morimos siendo libres y estando en paz. Borrachos, solos y abandonados la otra, sin saber siquiera quién somos y cuánto hemos destruido. Ante esta tesitura la elección más sabia, creo que es, la de morir lo más tarde posible y rodeado de nuestros seres queridos.

     Y mientras tanto, sin la dependencia (esclavitud) a ninguna droga, somos nosotros quienes elegimos la forma de vivir.

jueves, 26 de enero de 2012

Testimonios. Enero.

     "Mi nombre no importa; podría ser tu vecino, tu hermano, tu hijo, tu marido... Lo verdaderamente importante es que soy un alcohólico en abstinencia y me gustaría contaros brevemente mi historia.

     Me inicié en la ingesta del alcohol con 15 o 16 años, cuando quedábamos los amigos para tomar unas cañas de cervezas con unas raciones de patatas a la brava y así continué bebiendo hasta que terminé el Servicio Militar. Hasta entonces yo era un bebedor social, podía tomar alcohol cuando quisiera y lo que era más importante podía dejar de tomarlo de igual manera.

     Creo que mi problema con el alcohol comenzó cuando me incorporé a la vida laboral, pues con la persona que quedaba por las mañanas para desplazarme al lugar del trabajo era un enfermo alcohólico (hoy me doy cuenta) pues empezaba a beber a las seis y media de la mañana y no paraba. Al principio yo tomaba un vaso de leche y luego otro, hasta que empecé a pedirme después una copa de anís dulce Castellana, hasta que llegó el tiempo en que ya prescindía de la leche y tomaba solamente el anís.

     Con el tiempo fui cambiando de trabajo pero no así de mi aficción de consumo, con lo que con el tiempo llegó a ser una necesidad. No sé cuándo se produjo el salto de bebedor social a bebedor alcohólico (por si no sabéis la diferencia, un bebedor social puede tomar el alcohol que quiera y parar cuando lo desee, mientras que en el bebedor alcohólico empieza a beber y ya no sabe como parar de ingerir) pero lo que era evidente es que cada vez bebía más y durante más tiempo.

     Este consumo compulsivo continuó durante años hasta producirse un hecho que empezó a transformar mi vida de forma radical. El sufrir un infarto me hizo dejar de beber y fumar, pero la alegría duró poco, bien sea porque se olvidan las cosas que nos ha ocurrido, bien por ignorancia, comencé a beber y fumar de nuevo.

     Siete años más tarde se volvió a repetir otro episodio cardíaco, esta vez se trataba de otro infarto más virulento que el primero, pero esta vez tuve la suerte como aliada pues acudí al hospital Gregorio Marañón a realizar unas técnicas (por aquel entonces novedosas en España) de rehabilitación cardíaca, donde se contaba con ayuda de físioterapia, psicología, nutricion, cardiogía, relajación...

     Fue ahí donde comencé a querer quererme, donde me enseñaron a gatear buscando vida. Durante dos meses y medio se dedicaron a enseñarme eso y yo me empapaba de esas enseñanzas (mi agradecimiento más profundo a todos ellos, muy especialmente a la enfermera Teresa, al psicólogo Paco, al cardiólogo dr. Abeitua, a los fisios Carlos y Lucía...).

     Más tarde y por un golpe de suerte, dí con esta asociación de alcohólicos rehabilitados. Me presenté un miércoles por la tarde y estuve departiendo con las personas encargada de recibir a todas las personas que visitan la asociación por vez primera. Ese día no me quedé, pero hice promesa de regresar al lunes siguiente.
     Y así lo hice, el lunes me presenté con la congoja de no saber que me encontraría.

     En un principio me costó entender que no siempre las terapias tienen que salir bien, pues había días que encontraba algo muy positivo, que me ayudaba a entender y comprender mi problema con el alcohol y en otras ocasiones me preguntaba para qué había ido. De cualquier manera seguí acudiendo todos los días que había terapia y con el tiempo empecé a ver la luz que me iba llegando, hasta comprender qué es un enfermo alcohólico y de qué manera se le puede hacer cara al alcohol.

     Hoy, al cabo de los años de terapia y conocer lo que es ser un alcohólico, podría resumirlo en muy poco espacio:

     Una asociación de alcohólicos es una escuela de vida.

     A los alcohólicos la copa que nos perjudica es la primera, pues es la que nos incita a consumir de forma compulsiva (al no saber parar de beber).