domingo, 13 de enero de 2013

Entrada en el 2.013 sin alcohol.


     Pasadas estas fiestas navideñas de la que espero que todos hayamos disfrutado en compañía de nuestra familia y seres queridos, es hora de enfrentarnos al nuevo año con ilusiones renovadas, desde la abstinencia.

     Es común cuando recién comenzamos el año el hacer nuevos propósitos con los que intentamos crecer como personas. Muchos de estos propósitos se refieren a mejorar nuestra salud, preocupándonos de hacer ejercicio, comer más sano, dejar de fumar; otros van dirigidos a mejorar el ambiente familiar y social, tales como dedicar más tiempo a nuestros hijos, prestar más atención a la pareja, salir a pasear con la familia, etc.
Así podríamos continuar exponiendo una larga lista de buenos propósitos (colaborar con los más desfavorecidos, aprender cosas nuevas, conducir con más prudencia, dedicar un tiempo diario a llamar a algún familiar o amigo, etc.).

     Para nosotros los enfermos alcohólicos todas estas listas de propósitos carecen de valor efectivo si no van acompañada de la abstinencia, puesto que sólo desde el prisma de estar sin beber podemos conseguir aquellas cosas que siendo realizables nos propongamos. Estando consumiendo es totalmente imposible el poder fijarnos una meta ni tan siquiera para el día de mañana, puesto que nuestra única obsesión será el poder consumir. La abstinencia prolongada nos permitirá ver el futuro con la calma y la serenidad necesaria para poder recuperar la ilusión por el mañana, por cambiarnos por alguien más grande con capacidad de amarse y amar a los demás, de cambiar su nula existencia por otra más floreciente. En definitiva por empezar a quererse y ser una mejor persona.

     Para todos aquellos a los que el alcohol les dejó huella, mis mejores deseos para alejarse de esa sustancia que nos atrapó y nos arruinó la existencia, puesto que cada día que pasa sin beber nos fortalece más y nos hace crecer más como individuos y personas. También mi ánimo a todos aquellos que se están planteando dejar de beber, pues de verdad que es posible abandonar la bebida y prueba de ello son todos aquellos que un día renunciaron a seguir destrozando su cuerpo y su alma con el alcohol. 

     Ánimo que se puede. 

jueves, 27 de diciembre de 2012

Alcohol y fiestas navideñas.



     Llegaron las fiestas de Navidad y con ellas las celebraciones y reuniones con familiares, compañeros de empresa y amigos, en donde las comidas, cenas, brindis, etc. suelen ser realizados con importantes ingestas de alcohol, por lo que aumenta el riesgo de una recaída para las personas que nos encontramos en un proceso de rehabilitación y este hecho nos va a suponer un esfuerzo extra para mantener nuestra abstinencia.

     Si usted es un bebedor social o bebedor moderado permítame recordarle que si en ningún caso es lógico pensar que para disfrutar y pasárselo bien se haga necesario beber hasta la embriaguez, en estas fiestas navideñas lo es menos, pues los riesgos en la conducción y el encontrarse con otro conductor ebrio son mayores. Se pueden mantener todos los rituales navideños sin hacer uso del alcohol, cambiando este  por otro tipo de bebida  sin alcohol.

     Y para todos aquellos que como yo, traspasamos el umbral de bebedor social a bebedor alcohólico y por lo tanto no debemos tomar contacto con nada que contenga alcohol (ni tan siquiera las bebidas sin alcohol que nos recuerden al consumo alcohólico -cerveza, mosto, licores sin…-), recordarles si cree que le va a resultar difícil mantenerse sin beber, la conveniencia de limitar o incluso evitar aquellas reuniones en las que consumir bebidas que contienen alcohol parece obligado.

     Si como enfermo alcohólico estás acudiendo a algún tipo de terapia para superar su adicción, durante estas fiestas se hace especial hincapié en reforzar la decisión de no reincidir en su adicción, proponiendo habilidades para saber resistir las tentaciones que en estos días se multiplican.

     Salud y mis mejores deseos para los que algún día decidieron dejar de beber y para aquellos otros que se lo están planteando, para aquellos que tienen un familiar enfermo, para los que trabajan por la recuperación.

      En definitiva: un FELIZ AÑO NUEVO PARA TODOS.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Que hacer y que no ante un familiar alcohólico. Y II



     No le conceda demasiada importancia a sus celos infundados ya que son consecuencia de su enfermedad que le crea inseguridad y distanciamiento de la realidad.

     Es importante el no distanciarle de sus hijos. Haga de intermediaria explicándole que su padre/madre no fue así, que es la enfermedad la que le hace emplear esa conducta y que necesita la ayuda de todos los miembros de la familia para que vuelva a ser el buen padre/madre que un día fue.

     Cuente con toda la ayuda que logre acaparar en favor de su familia (médica, asistencial, social, psicológica, religiosa, familiar…), pues cuanta más ayuda obtenga más fácil le resultará empezar a encontrar soluciones.

     Sea firme y comprensivo/a al mismo tiempo como la mejor manera para el inicio de una recuperación y si ha iniciado un tratamiento habrá de apoyarle y reconocer los avances que se vayan produciendo. No desfallezca si durante el proceso tiene una recaída, pues se suelen producir en alguna ocasión y forma parte del proceso de recuperación.

     Ayuden  aportando factores positivos para su abstinencia y prevengan aquellos factores de riesgo que le permitan hacer más fácil y llevadera su abstinencia y recuperación.

     Todo lo pasado y aprendido durante el proceso alcohólico de su familiar les habrá provocado tensiones por lo que es deseable establecer una terapia familiar con algún profesional y con familiares de alcohólicos/as que como ustedes, han pasado por trances similares. 

     Es importante que la experiencia y el conocimiento sobre la enfermedad que han adquirido durante el largo tiempo de espera en la recuperación de su familiar les sirva para ayudar a otras familias que en ese momento estén pasando por donde ustedes han pasado, intentando apoyar desde la serenidad y el saber, que de esta enfermedad se puede salir y que si bien la tarea es ardua, los resultados merecen la pena.

Que hacer y que no ante un familiar alcohólico. I


    

     Al tratar con un familiar enfermo alcohólico, debemos seguir unas pautas para intentar que acepte su condición, pues si dejar de beber para él es una tarea muy ardua, sin el reconocimientos de su enfermedad es casi imposible.


     Primeramente hemos de ser nosotros mismos quienes reconozcamos que se trata de un enfermo y no de un vicioso. Y que se trata de un enfermo que se encuentra en esa situación no porque quiera, si no porque precisamente es su enfermedad la que le impide dejar de beber.

     Debemos ser perseverantes y no dejarnos desanimar por como se encuentra. No debemos perder la esperanza en su recuperación, ni tampoco culparse por no saber cómo actuar mejor.
De nada de van a servir las amenazas (máxime si no piensa cumplirlas), pues le fortalecerán  en su consumo sabiendo que no las va a cumplir.

     No recurra al sentimentalismo del tipo “si te importáramos dejarías de beber” para que abandone el consumo, pues muy a su pesar no deja de beber porque no puede, no porque no les quiera.

     El discutir de nada servirá porque si está ebrio no se enterará y pretenderá llevar él siempre la razón, y si se encuentra sobrio podría servirle de excusa para beber con más intensidad para intentar evadirse. Los familiares han de mostrarse serenos  y con la intención de poder ayudarle.

     Es absolutamente erróneo el intentar proteger al enfermo ante la bebida (retirar toda bebida alcohólica de casa, comunicar en los lugares que frecuenta para beber que no le administren alcohol, perseguirle, etc.) ya que de este modo su estado de ánimo se vería negativamente afectado y de seguro compraría la bebida en cualquier otro lugar donde le sea vendido. Tampoco es conveniente ni el atosigamiento ni la persecución (seguirle con la intención de verle entrar en un bar, intentar olerle el aliento, etc.
         
     No inicie usted la conversación sobre el tipo de consumo de alcohol que tiene. Si el familiar lo desea que lo inicie él, alentando aquellos avances positivos que veamos que ha logrado y sugiriendo aquellos otros en los que no estemos de acuerdo.

     Es un grave error el acompañarle a beber, pensando quizás que de este modo beberá menos, algo que no sucederá e incluso si empezaba a tener en mente el empezar a dejar de beber, conseguirá que ni se lo plantee.

sábado, 24 de noviembre de 2012

¿Cómo desde la familia podemos ayudar al enfermo alcohólico?. (I)

     En numerosas ocasiones, en la Asociación se nos presenta esta pregunta por parte de la familia : ¿Qué podemos hacer por mi familiar que es alcohólico?


     Debemos recordar que el alcoholismo no es una enfermedad que afecte a un solo individuo, pues de la misma manera que afecta a quien directamente lo consume, también la familia en su conjunto se ve afectada, al igual que el conjunto de la sociedad (trabajo, amistades, salud, etc.).

     En ciertas ocasiones el enfermo alcohólico reconoce su problema e intenta buscar una solución acercándose a un centro de atención de alcoholismo o bien a su centro de salud, aunque en gran parte de las ocasiones  esto no sucede así , pues no son capaces de  reconocer su enfermedad y para ello recurrirá  a una serie de excusas que le sirvan para creerse su propia mentira  (bebo para relacionarme mejor,  son los nervios el motivo por el que bebo, no bebo tanto, otros beben más que yo, puedo dejarlo cuando quiera...)
Principalmente es la pareja la que viene solicitando ayuda o bien los hijos cuando estos son mayores preguntando de qué manera pueden logar que  ese ser querido deje su comportamiento alcohólico que está pudriendo la célula familiar desde dentro.

     El principal problema al que se debe enfrentar la familia de una persona alcohólica es que del alcoholismo, sólo puede salir el enfermo. Por mucho que se le amenace, se le esconda el dinero, la bebida de casa  o cualquier otra cosa que se nos ocurra, el alcohólico hará lo imposible por conseguir su bebida, pues en gran parte si no toda, su vida depende de su consumo.

     Como primera medida debería ser hablar con la persona aquejada de la enfermedad, por supuesto estando  sobria, alentándole desde el cariño de su forma de beber sin control y los perjuicios que esto ocasiona sobre el conjunto de la familia, informándole que se trata de una enfermedad que no ha deseado, pero que debe ser tratada, que no es un vicio y que mucha gente sufre su mismo problema y ha logrado salir de esa situación de deterioro. Muy posiblemente expondrá que él o ella no tienen ningún problema con el alcohol, que puede dejarlo cuando se lo proponga, etc. Algo que saben que es falso pero lo emplean como método de defensa para seguir consumiendo.

    

domingo, 18 de noviembre de 2012

Bebidas "sin" alcohol.

     Si en cualquier bebedor social, que no es dependiente del alcohol es recomendable el tomar cualquier clase de bebida de las denominadas sin alcohol, como sustitutivas de las tradicionales bebidas con alcohol (cerveza, vino, ron, licores...), que le pueden servir en determinadas circunstancias como medio más sano de facilitar la integración social en un ambiente en el que se hace uso de bebidas alcohólicas, no ocurre lo mismo en aquellos que hemos traspasado el umbral que separa a los bebedores sociales de los bebedores dependientes y es que el uso de las "sin" no facilita la abstinencia dado el importante componente psicológico que su uso conlleva.

Color, sabor, olor, presentación...
 nos recuerda el consumo anterior
     Debemos recordar que al renunciar al alcohol debemos luchar contra la dependencia física, que oscila entre unos pocos días y el mes (en algunas circunstancias muy especiales hasta el mes y medio) y también debemos enfrentarnos a la dependencia psíquica de mayor duración, por lo que es a esta a la que debemos prestar mayor atención.

     Y es que toda bebida que nos recuerde al alcohol nos estará limitando para romper los lazos psíquicos que todavía nos une a esa dependencia de la que estamos tratando de superar y en no pocas ocasiones, el consumo de este tipo de bebidas "sin" (catalogada como factor de riesgo en las recaídas) hace que se produzcan recaídas que bien podríamos habernos evitado si hubiéramos sido capaces de abandonar el lazo "sin" que nos sigue recordando a cuando tomábamos la bebida alcohólica.

     Y es que este tipo de bebida nos recuerda el consumo anterior de alcohol, tanto por su presentación, como por su color, olor, sabor y hasta por su sonido y vuelvo a repetir que su uso es un riesgo que en muchas ocasiones desemboca en una recaída.

     Además de los expuesto se debe tener en cuenta que prácticamente todas las bebidas denominadas "sin" contienen algo de alcohol, por lo que para aquellos enfermos alcohólicos que se estén medicando con interdictores del alcohol (disulfiram -Antabús- o la cianamida cálcica -Colme-) se desaconseja consumir este tipo de bebidas pues podrían en algunas personas provocar reacciones adversas.

   


martes, 6 de noviembre de 2012

¿Problema?



¿Bebes porque tienes un problema?

O...


¿Tienes un problema porque bebes?

Acude a tu médico o acercate a un centro de rehabilitación. (ellos te pueden ayudar)

domingo, 4 de noviembre de 2012

Recaídas.

     El logro de haber dejado el uso de bebidas alcohólicas por parte del enfermo, puede verse interrumpida por las recaídas, que implica el retorno al hábito de beber.

     Primeramente debemos diferenciar entre lo que es una recaída propiamente dicha de lo que es un pinchazo, desliz o tropiezo. En el primer caso el alcohólico abstemio durante al menos por un mes, hace tres o cuatro consumiciones durante un plazo de tres o más días; mientras consideramos un pinchazo a la ingesta ocasional y aislada, motivada por factores coyunturales.

     El mayor riesgo de recaídas incide durante los tres primeros meses desde que el alcohólico se aleja del consumo de bebidas alcohólicas.


     Las recaídas han de afrontarse como una parte más de la terapia, dándole y tratándola con toda la seriedad que sin duda tiene, puesto que no en pocas ocasiones, esta lleva al enfermo alcohólico a un estado de más gravedad que el inicial, incluso hay recaídas de las que el enfermo jamás se recupera. De tal forma debemos considerarlas como un serio aviso que algo no ha funcionado bien y que debemos averiguar qué factores han sido los desencadenantes para que se haya producido la recaída y  para que estos en el futuro puedan ser reforzados.


     El enfermo debe estar percatado de los riesgos que ciertas situaciones ejercen sobre la abstinencia a fin de poder evitarlas o en su caso afrontarlas con cierta garantía de éxito, desde el conocimiento y experiencias de compañeros de terapia.

     Los factores de riesgo mas hábituales, por lo que debemos conocer serían:

    -    Factores médicos: Son los originados por la supresión precoz del tratamiento; o bien que este sea inadecuado o inexistente y la aprobación de ingerir bebidas sin alcohol.

  -  Factores internos: Principalmente la desmotivación para mantener la abstinencia, la incidencia de un proceso depresivo, la relajación y olvido de los sentimientos que nos llevó a la abstinencia... También en algunas ocasiones como medio de chantaje a personas próximas o buscando la obtención de algún tipo de prestación social (pensión, incapacidad, minusvalía, etc.)

   -   Factores externos: El más frecuente está relacionado con un disgusto familiar, aunque también una frustración o una emoción social positiva (celebración) o negativa suelen estar presentes en este tipo de factores de presión ambiental para volver a consumir alcohol.

    -    Factores múltiples: En ocasiones se dan la circunstancias de varios factores que concurren para que el enfermo alcohólico vuelva a beber.

     

Politoxicomanía.


     Si hasta hace unos años la norma con respecto a las adicciones era la del sujeto cuyo  principal consumo adictivo eran el alcohol, asociado con el tabaco, hoy en día es muy difícil encontrar enfermos que solo sean alcohólicos, debido al cambio la forma de consumo, pues ahora lo habitual es encontrarnos con personas que consumen varias sustancias a la vez, ya sea de forma combinada o sustitutiva.

     La tendencia actual, no es otra que la de servirse de una droga como preferida (mayoritariamente alcohol) y reservar el resto en función de su disponibilidad y precio. De esta manera se hace del alcohol la vía de acceso a las otras drogas, simultaneándose unas sustancias con otras.

     La interacción del alcohol con otras drogas, principalmente con hachís, marihuana y sobre todo cocaína, producen una potenciación de los efectos nocivos de las sustancias.


Entre los 14 y los 16 años.
Inicio en el consumo. Generalmente alcohol y/o cannabis

Entre los 17 y los 20 años.
Aumento en el consumo de alcohol. Consumo de estimulantes (Éxtasis) y cannabis.


Entre los 20 y los 25 años.
Sigue el aumento en el consumo de alcohol. Se incorpora el consumo de cocaína.
  
A partir de los 25 años.
Consumo y adicción al alcohol y cocaína. Consumo ocasional de cannabis y tranquilizantes.

A partir de los 30-40 años.
   Enfermo politoxicómano con dependencia al alcohol, cocaína y otras sustancias.



Patología Dual.



     En algunas ocasiones, durante las terapias, ha salido esta expresión y en no pocas ocasiones la gente desconoce lo que viene a significar.

     Hablamos de patología dual en aquellos casos es los que se asocian al menos una enfermedad mental a por lo menos una adicción (ejemplo: Depresión junto al consumo de alcohol y cocaína).

     Este nexo se da un una proporción bastante alta de consumidores de sustancias adictivas, principalmente la cocaína y el alcohol (62,7 % y 61,2 % respectivamente), siendo los trastornos mentales más frecuentes los de personalidad, el riesgo de suicidio y maniaco-depresivos.


     El patrón estándar sería el de un hombre de unos 37 años, soltero y con estudios primarios que conviven con sus padres y laboralmente activos.

     No se puede plantear el dilema si se llega a ser adicto a una sustancia por padecer algún trastorno psiquiátrico o viceversa, puesto que las drogas causan problemas mentales y también los problemas mentales llevan a las adicciones. Podríamos decir que son dos enfermedades en una sola, que haría necesaria la intervención conjunta de especialistas en salud mental y en drogodependencias.

     Según calcula la Organización Mundial de la Salud (OMS), para el año 2.020, el 75 % de los enfermos mentales crónicos, padecerán además de algún problema de adicción